¿A ti también te pasa, que dejas trozos de queso empezados envueltos en film de plástico en la nevera, te olvidas de su existencia y luego te los encuentras con moho? Pues con un ingrediente que siempre tienes en el frigorífico, puedes solucionarlo: la mantequilla.

En Cocina Fácil nos encanta cocinar con buena mantequilla, por eso estamos seguras de que es un alimento que no faltará en tu nevera.

¿Cuánto tiempo hace que no preparas unas galletas de mantequilla con vainilla, con naranja o glaseadas, por ejemplo? Es el alma de miles de postres y también de platos salados como el risotto, por ejemplo.

¿Sabes que ya se elaboraba mantequilla en Mesopotamia entre el 9000 y 8000 a.C.? Pero donde fue realmente apreciada fue por los vikingos y los celtas, en el norte de Europa. Por el contrario, los romanos y los griegos la consideraban un producto 'bárbaro' y no la incluyeron en su dieta, quizá también a causa de las dificultades de conservación por el cálido clima mediterráneo.

En el siglo XXI seguimos consumiéndola, a pesar de que la aparición de la margarina la relegó a un segundo plano y bajó considerablemente su consumo el siglo pasado.

mantequilla y cuchillo

Cubrir con mantequilla los bordes

Además de sus excelencias en la cocina, con la mantequilla tienes un aliado para evitar que al queso le salga moho y que los bordes se endurezcan.

Si cubres los quesos semi con mantequilla, se mantenedrán más frescos. Así que, recuerda, cuando cortes un pedazo de queso unta la zona cortada con un poco de mantequilla. A continuación, mételo en un táper de cristal o envuélvelo con film de plástico y consérvalo en el frigorífico.

Si sabes que no vas a consumirlo en breve, también puedes congelarlo. Los quesos duros y semiduros aguantan bien en el congelador hasta 8 meses, aunque pueda variar ligeramente su sabor. No ocurre lo mismo con los quesos blandos, que su textura no soporta bien la congelación.

Los quesos duros si están dentro de su envase original te pueden aguantar hasta cuatro meses en perfectas condiciones dentro de la nevera. Los blandos, mejor consúmelos cuanto antes porque si los vuelves a dejar a medias en su envase, se echan a perder rápido.

Y, mejor aún, antes de dejar los quesos olvidados en un rincón, prepara alguna receta original, como unas piruletas de queso o unos canapés bien ricos.