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Sara Montiel

Biografía de Sara Montiel

Sara Montiel

Un mito del cine

Sara Montiel, nacida con el nombre de María Antonia Abad en Criptana de la Mancha (Ciudad Real), el 10 de marzo de 1928 y fallecida en Madrid el 8 de abril de 2013, actriz y cantante española, una de las leyendas del cine y del mundo del espectáculo de España y América Latina, fue la primera española que trabajó y triunfó en Hollywood en unos años, los 50, en que hacer cine en Estados Unidos era para nuestros artistas un imposible.

Una dama de origen humilde

Sara, Saritísima, fue un auténtico mito que contaba a sus fans por millones, y, sencilla, espontánea y sincera, poseía una personalidad que no dejaba a nadie indiferente. Nacida en un hogar humilde, en la Mancha, de padre campesino y madre peluquera, después de la guerra civil, la familia se trasladó a Orihuela (Alicante), donde el padre ejerció como comerciante de vinos. Tenía dos hermanos, José, que murió en Orihuela, víctima de la tuberculosis, y Eipidia, la mayor, fallecida en 2006. Tampoco Sara escapó a la enfermedad de la época, la tuberculosis, y estuvo ingresada en un sanatorio de la sierra madrileña, donde casi a diario veía los ataúdes de los enfermos que habían fallecido por  la noche.

El lado bueno de la vida

Quizá fue la presencia de la muerte a edad temprana lo que le infundió un amor intenso por la vida y una tendencia a valorar el lado positivo de las cosas. También la energía que le proporcionaba un afán surgido en ella a los 4 años: ser artista. “De pequeña soñaba con hacer vibrar al público, y, ahora, a los 84 años, sigo sin engañar al público. El público es mío”, declaró el año pasado. Imbuida en ese sueño, acudía la pequeña Antonia –nombre con el que le gusta dirigirse a sí misma- al Colegio de Jesús María de San Agustín, en Orihuela, donde las monjas la incluyeron en el coro de la iglesia.

Allí, en la localidad alicantina, la descubrió el productor de Cifesa Vicente Casanova, cuando ella cantaba una saeta durante la procesión de Semana Santa, e, impresionado por la belleza y la voz de la muchachita, hizo que se presentara a un concurso de canto, en Madrid, cuyo premio incluía recibir clases de declamación y de música. A su padre le gustaba mucho el teatro. “Cuando se casaron, en el viaje de novios, fueron a Madrid a ver a Celia Gámez, en una obra que se llamaba ‘El gol’. Ella tiraba una pelota y quien la cogiera estaba invitado en su camerino a una copa de champán. Le cayó la pelota a mi padre. Año 25, y allí tomando una copa con Celia”, recordó Sara en sus memorias, un libro titulado “Vivir es un placer” (2000), escrito por Pedro Vílora.

Madrid la vio crecer

Ya en Madrid, debutó en el cine a los 16 años, en ‘Te quiero para mí’ (1944), a la que siguieron, entre otras, ‘Empezó en boda’ (1944), ‘Se le fue el novio’ (1945), ‘Don Quijote de la Mancha’ (1947) y ‘Mariona Rebull’ (1947), donde, como un presagio, interpretaba el papel de cupletista. Habían sido pequeños papeles en los que, no obstante, había destacado por su belleza y su fuerza interpretativa, pero el film que le daría popularidad sería ‘Locura de amor’ (1949), de Juan de Orduña, con Aurora Bautista, Fernando Rey y Fernando Fernán Gómez, con quien ya había trabajado en ‘Bambú’ (1945) y volvería a trabajar en ‘El capitán veneno’ (1951).

En esa época de su despegue cinematográfico en Madrid, casi al llegar a la capital, se enamoró de un hombre esencial en su vida: el escritor Miguel Mihura. Sara, que tenía 16 años, y apenas había recibido instrucción, aprendió mucho, según ha declarado en varias ocasiones de Mihura. “Con él empecé a hacer surcos sobre el papel, llenaba páginas enteras de ma-ma, me-mi, mo-mu- Él me leía los guiones y yo luego los decía de oído. Me adoraba, porque soy muy dulce; según él yo era una fuera de serie incomprendida en España, por eso me mandó a México, y porque tenía miedo de enamorarse mucho: él tenía 43 años”. 

Su aventura en Hollywood

En efecto, Mihura le hizo ver que ella era demasiado joven para atarse a un hombre mayor y, sobre todo, que debía dedicarse a su carrera, y hacerlo fuera de España, un país donde, entonces bajo la censura y con una industria cinematográfica paupérrima, no tenía cabida –según Mihura- para una actriz de sus características. Le recomendó ir a México, centro del cine hispano de la época, y, desde allí, iniciar la aventura de Hollywood. El éxito de ‘Locura de amor’ había llegado a Latinoamérica y, en cuanto Sara llegó a México, inició una carrera cinematográfica espectacular, rodando 14 películas en cinco años, trabajando con las actrices y actores más populares del momento (Dolores del Río, María Félix , Katy Jurado, Pedro Infante, Arturo de Córdoba y Agustín Lara) y codeándose con escritores, artistas e intelectuales que la acogieron con afecto y admiración, entre ellos Frida Kahlo,  Pablo Neruda, Octavio Paz y, sobre todo, León Felipe, que se enamoró perdidamente de ella.

Algunos de los films rodados en México se distribuyeron en Estados Unidos y películas como ‘Piel canela’ o ‘Furia salvaje’ le abrieron las puertas de Hollywood, a cuyos productores no les pasó por alto la garra comunicativa que aquella actriz española desplegaba en la pantalla. En 1954, Sara dio el salto a la meca del cine, contratada para trabajar en el film ‘Veracruz’, de Robert Aldrich, con Gary Cooper y Burt Lancaster. El éxito fue fulminante, nunca una actriz española había sido tan popular en Estados Unidos.

Los contratos le llovían a Sara y rodó ‘Serenade’ (1956), con Mario Lanza, Joan Fontaine y Vicent Price y dirigida por Anthony Mann, que se convertiría en su primer marido. Durante este rodaje, conoció y entabló amistad con Lyz Taylor y James Dean, que estaban filmando ‘Gigante’ en el plató de al lado. No serían, ni mucho menos, sus únicos amigos en Hollywood: Marlon Brando, Greta Garbo (su vecina),  Marilyn Monroe  ("No era muy alta. Era pequeñita, poquita cosa. Acababa de salir de un aborto y estaba muy débil y delgadita", recuerda en sus memorias) y Charles Bronson, Burt Lancaster, Charles Chaplin, James Dean, con quien, al igual que con Gary Cooper, tuvo un romance. De hecho, en la última foto que se le tomó a Dean, con la que anunció su muerte, aparecía con Sara.

Toda una celebridad

Sara no fue un actriz que ‘pasaba’ por Hollywood y conocía a famosos en fiestas, en un visto y no visto: Sara vivía Hollywood, vivía el ambiente del cine, de las productoras y de los actores, de quienes era amiga y a quienes, si se terciaba, ayudaba en la profesión, como sucedió, según se cuenta, con una joven Barbara Streisand, a quien, sin saber Sara quién era, oyó cantar mientras trabajaba en casa de una amiga: la felicitó, se interesó por ella y decidió ayudarla. Fue también asidua de Billie Holidey: ambas fueron a almorzar al  ‘Four Sesons’, en Nueva York, y cuando no dejaron entrar a la cantante, por cuestiones racistas, Sara cogió un plato y lo estampó contra una pared.

Su última película en Hollywood fue ‘Yuma’ (1957), de Samuel Fuller. Ese mismo año, cuando tenía 29, se casó con el director y productor Anthony Mann; primero, fue una boda en artículo mortis, ya que a él le sobrevino un infarto (se ha contado que en el escaparate de la joyería Tiffany’s, mientras elegían un anillo de boda), después en una ceremonia civil. Sara había rodado en España ‘El último cuplé’, dirigida por Juan de Orduña. Ninguna productora quería arriesgar con lo que consideraban un disparate: resucitar el cuplé. Orduña rodó el film, a trancas y barrancas y con poco dinero, y gracias a la generosidad de Sara Montiel quien lo hizo más por amistad que por dinero. Sara, tras la filmación, regresó a Estados Unidos, y, al cabo de unos meses, se estrenó ‘El último cuplé’. Orduña le mandó en telegrama: ‘1957 en España tiene un nombre: Sara Montiel’. En efecto, pero no sólo en España sino en todo el mundo. Fue el film español más taquillero de la historia y Sara Montiel se convirtió en un ídolo y en la actriz mejor pagada del momento.

Aparte de su enorme atractivo físico, Sara aportaba una novedad a un género tan antiguo como el cuplé: su voz grave, sensual era todo lo contrario a las atipladas tipo Raquel Meller. Siguió 'La Violetera' (1958), con Raf Vallone;  'Carmen la de Ronda' (1959), con Maurice Ronet; 'Mi último tango' (1960), 'Pecado de amor' (1961) y, entre otras, 'Varietés' (1971), de Juan Antonio Bardem hasta 'Cinco almohadas para una noche (1973), que sería su última película. De toda su larga filmografía, ella misma dice en su libro: 'Mis mejores películas son 'El último cuplé', 'La Violetera' y 'Varietés'. No lo digo yo, lo dice Coppola". Con la llegada del 'destape' el cine español dio un cambio notable en el que Sara, con buen tino, no quiso implicarse y se retiró de la pantalla grande sustituyéndola por el teatro y la televisión. En puestas en escena como 'Doña Sara de la Mancha' o, entre otras,  'Saritísima', Montiel enardecía al público. Programas de televisión como 'Sara y punto' y 'Ven al paralelo' alcanzaron un éxito descomunal.

Maridos y amores

La vida de Sara Montiel ha sido pasión, pasión por el cine y el teatro, y por los hombres a los que ha amado. Su matrimonio con Anthony Mann, entre 1957 y 1963, supuso para Sara una inmersión altamente provechosa en el oficio del cine. Mann rodó 'El Cid' (1961), en España, y la propia Sara cuenta que, cuando le ofrecieron el papel, lo rechazó recomendando a una actriz italiana entonces emergente: Sofía Loren. Tras separarse de Mann, se casó con José Vicente Ramírez Olalla, en Roma, pero el matrimonio duró dos meses.

Poco después conoció a quien siempre ha reconocido como en el hombre de su vida, el empresario y periodista mallorquín Pepe Tous (1931-1992), con quien se casó al cabo de convivir durante 10 años y con quien adoptó dos hijos, Thais (1979) y Zeus (1983). La muerte de Pepe Tous fue un duro golpe para Sara, no sólo sentimentalmente -fue una pareja sólida, estable y se adoraban mútuamente- sino también desde el punto de vista económico, ya que él se había responsabilizado siempre de las cuestiones crematísticas, por las que Sara nunca tuvo el menor interés, y las personas en quienes confió, una vez viuda, abusaron de ella.

Aparte de a los tres maridos citados, Sara amó a muchos hombres de los que guardaba gratos recuerdos, como, entre otros, y parte del ya citado Miguel Mihura, el científico Severo Ochoa, el poeta León Felipe, los actores Gary Cooper, James Dean, Marlon Brando (“le encantaba que le hiciera huevos fritos”), el escritor Ernest Heminguay (le enseñó a fumar puros) y el político socialista Indalecio Prieto, a quien conoció cuando él vivía en el exilio. Y, el 27 de octubre de 2002, a los 74 años, Sara se casó con el cubano Tony Hernández, de 37. Fue un matrimonio más que inestable, salpicado constantemente de intervenciones públicas del cubano no  siempre de buen gusto, y que finalizó antes del año. Sara volvió con un antiguo amor, Giancarlo Viola, pero fue un reencuentro que Sara no quiso prolongar ante las constantes peticiones matrimoniales de él. Sara había renunciado a contraer nuevos matrimonios, y, bastante retirada de la vida pública, vivía en el barrio de Salamanca, en Madrid. En 2012, viajó a Nueva York donde el Instituto Cervantes le organizó un homenaje (’55 años de El último cuplé’) y dio una gira por varias universidades estadounidenses donde la recibieron como a un auténtico mito viviente.

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