Vidas propias

"A Raquel Mosquera la clínica psiquiátrica le ha dado mucha paz"

Raquel Mosquera Rocío Carrasco Jorge Javier Vázquez
Raquel Mosquera

26 de octubre de 2016, 07:00

Raquel Mosquera, el azote de Rocío Carrasco

Vaticiné que la exclusiva de la boda le iba a salir cara a Rocío Carrasco. Si durante muchos años has ido trabajándote el silencio de la prensa luego no puedes salir en una portada vendiendo solo aquella parte de tu vida que a ti te apetece. Y más teniendo en cuenta que a tus espaldas tienes a un montón de personas esperando a que metas la pata para lanzarse a la yugular. Corren malos tiempos para Rocío, pero siento decirle que todavía vendrán peores.

En una época en la que estamos faltos de personajes que resulten atractivos para la audiencia, la estirpe de los Jurado es un valor seguro: folclórica de tronío, torero inusual, hija que fue díscola, exmarido con ansias de revancha, marido acaparador, hermana sensata de la hija que fue díscola, hermano con problemas, hermano y cuñada de la folclórica que son una estirpe en sí y, desde hace algunas semanas, viuda del padre de la hija en estado de arma de destrucción masiva.

Antes de comenzar el ‘Deluxe’ me encontré a Raquel Mosquera pizpireta en maquillaje: “Estoy muy bien, Jorge, estoy muy bien. He estado ingresada porque estaba un poco acelerada pero mi estancia en la clínica me ha dado tanta paz que incluso me ha servido para aumentar el negocio. Ahora también voy a hacer extensiones de pestañas”. Y yo, anonadado, le pido que se deje hacer una foto de perfil para que se vean bien esas milagrosas extensiones. Raquel accede con esa sonrisa angelical tan característica aunque en el plató se transforme en un ángel exterminador.

Tras muchísimos años de silencio desveló que tras una fuerte discusión, Pedro Carrasco prometió no volver a ver jamás “a esta hija de p.”, refiriéndose a su hija Rocío. Que los siguientes días lo pillaba despierto a las cuatro de la madrugada fumando un cigarrillo tras otro. Así, hasta tres cajetillas de tabaco. Y que murió poco después de un infarto fulminante. El vendaval no ha hecho más que comenzar. La gente espera que hable la hija de Rocío porque no entiende que una madre se aleje de una hija de una manera tan radical. Tarde o temprano aparecerá Antonio David desempolvando viejos recuerdos. Y estoy convencido de que, espoleado por la actitud de Mosquera, se atreverá a sacar a la luz episodios que en su día mantuvo ocultos por temor a que no lo creyeran.

Aunque han tentado en numerosas ocasiones a Gloria Camila para conceder una entrevista, ella se mantiene en sus trece y prefiere soltar de vez en cuando pildorazos de manera gratuita a los compañeros que la persiguen sin descanso. Es inteligente y sabe que si entra en el juego puede perder pero, aunque sea desde la sombra, no se va a quedar quieta. No va a tolerar que su padre quede en entredicho. Y mucho me parece que está durando el silencio de Gloria Mohedano y su marido. Rocío Carrasco tiene cómplices dentro del mundo de la prensa y acérrimas aliadas como las Campos pero ni Teresa ni Terelu tienen ganas de guerra y son muchos más los que prefieren largar sobre Carrasco y Albiac a defenderlos. Rocío se enfrenta a sus horas más bajas y ese silencio que antes le favorecía ahora la está destruyendo.

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