Felipe Juan Froilán

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19 de septiembre de 2017, 09:37

En otros tiempos, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y de Borbón ya estaría prometido a cualquier princesa europea, pero en los actuales, en el mejor de los casos, su suerte pasa por encontrar alguna rica heredera que busque dar lustre y título a su fortuna. Ser nieto de un rey y sobrino de otro, siempre se ha cotizado al alza y gracias a esos matrimonios los segundones de las familias reales han podido asegurarse un futuro.

Pero estos no son ya aquellos tiempos, y por más apellido regio que adorne tu DNI, no puede uno fiarse de esas uniones convenientes. Por si no aparece una princesa en ejercicio o una chica con fortuna deseosa de emparentarse con un Borbón, lo mejor es presentarse como un ser activo, dispuesto a prepararse y labrarse un futuro no sea que el parentesco real más que una ayuda resulte ser un handicap.

El hijo de la infanta Elena, el mayor de los nietos de los reyes Juan Carlos y Sofía, ha empezado a estudiar en un centro privado denominado The College for International Studies, ubicado en el barrio de Salamanca de Madrid, que no es una universidad convencional sino una escuela de negocios para formar a los cachorros de las buenas familias. Errático en los estudios, Felipe, anteriormente conocido como Froilán, ha pasado por un centro escolar de Madrid; un internado de Sigüenza a donde van a parar los repetidores, y también por un internado en Estados Unidos.

Aunque nunca ha quedado claro qué nivel de estudios ha alcanzado, parece que ha sido el suficiente para ser admitido, a los 19 años, en el citado college. Allí se formará lo suficiente para, llegado el día, poder colgar un título lustroso en su despacho y que al ser admitido en alguna empresa no parezca que es para hacer de florero.

Felipe de Marichalar fue un niño travieso, un adolescente gamberro y ahora es un joven en busca de su lugar en el mundo. Durante su infancia fue personaje principal de la familia real y sus gracias fueron jaleadas y aplaudidas, pero en los últimos años su buena imagen se ha desdibujado para dar paso a un joven convencional, y hasta algo antiguo en su aspecto, que ya no genera tanta simpatía. En los últimos meses se le ha visto en compañía de Mar Torres-Fontes, nieta del dueño de un grupo empresarial en el que se incluye la industria cárnica El Pozo, la de los embutidos. Ya veremos en qué queda la cosa.

El futuro del muchacho es el de ir desapareciendo del mapa y, poco a poco, nos iremos olvidando de él, a menos que haga méritos para que sigamos pendientes de sus citas. Con su abuelo en el trono, aún pertenecía, como descendiente directo, a la familia real, pero desde 2014, con el nuevo rey, Felipe de Marichalar ha perdido esa condición, aunque sigue siendo lógicamente, familiar del Rey.

Felipe de Marichalar y su hermana Victoria, al igual que los hijos de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín, siguen teniendo en su abuela común, la reina Sofía, su gran valedora, la que está empeñada en mantenerlos unidos, juntándolos todos los veranos en Marivent, aunque ha desaparecido, si algún día la hubo, la convivencia con sus primas Borbón: la princesa Leonor y la infanta Sofía.

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