No es por maldad

L. Belinchón deja todo a su último compañero. Una herencia que este joven probablemente se negará a recibir porque, según me cuentan, "es un chico que no ha salido del armario"

Pilar Eyre
Luis sanz

1 de junio de 2016, 07:00

A cuadros. A cuadros me quedo porque me llaman hasta del periódico argentino 'Clarín' para preguntarme por las memorias y la herencia del productor Luis Sanz, ¡me toman por su hija putativa y yo les digo que eso lo será su señora madre! Pero sí, ahí están las escandalosas memorias y la enorme herencia, la casa en Coral Beach de Marbella, su piso de doctor Fleming, apartamentos, dinero, joyas, cuadros, todo lo heredó su marido, Luis Belinchón, que ha muerto hace poco dejándole todo, a su vez, a su último compañero. Una herencia que este joven probablemente se negará a recibir porque, según me cuentan, “es un chico que no ha salido del armario, nadie, ni su familia, ni sus amigos, ni su entorno profesional saben que es gay, y teme que su secreto quede al descubierto si se hace cargo de este patrimonio”. Pues vaya putada, perder tantos millones para no señalarse como homosexual este año 2016 en que figura que todos somos tan modernos. Pero yo sigo empeñada en leer esas míticas memorias donde Sanz habla de su locura por Vicente Parra, también novio de Belinchón, formando ambos un triangulo peculiar que quemaba la noche en aquella España en la que la Semana Santa duraba 365 días. ¡Y pensar que yo entrevisté, antes de nacer, por supuesto, varias veces a Vicente Parra! Y cándidamente le pregunté “¿cómo es que no te has casado?” y otras tantas veces me respondía, “porque no encuentro a la mujer de mi vida”, con una expresión tan compungida que yo ya estaba a punto de ofrecerme. ¡Y luego decían que era mal actor!

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