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"Teresa desea que Terelu tenga programa propio, un marido y algunos kilos menos"

Terelu Campos María Teresa Campos Jorge Javier Vázquez Bigote Arrocet
María Teresa y Terelu

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Exclusivas Las Campos

4 de enero de 2017, 07:00

Qué delicia la segunda temporada de ‘Las Campos’. Cuando se estrenó el programa advertí que era un espacio de culto y la gente pensó que estaba ejerciendo de palmero. Ahora que ya vamos por la segunda temporada comienzan a lloverle las críticas elogiosas y sus adeptos se cuentan por millones. No me extraña porque el ‘reality’ –perdón, el ‘docu-reality’– es pura delicia para paladares de pico fino pero también para amantes del ‘fast food’. Todos encuentran un motivo para engancharse.

Personalmente me atrapa ese costumbrismo andaluz rebozado en pijerío madrileño con pretendidos ribetes de alta costura que acaban convirtiéndose en escaparates de boutique de barrio de alto copete. Un disparate demencial que engancha precisamente por disparatado. Tras la emisión del capítulo mucho se ha especulado sobre la figura de Edmundo, pero a mí, Arrocet, me interesa más bien poco. Es un secundario con frase, un actor de reparto necesario para que afloren unas tensiones familiares no resueltas entre Teresa y Terelu. Ellas son nuestras Debbie Reynolds y Carrie Fisher patrias, pero sin adicciones de por medio. Que la audiencia no se equivoque: Teresa no es una pobrecita que anda mendigando atenciones. Es una mujer con un carácter de armas tomar que ha dirigido su vida y sus programas con mano de hierro, de ahí que en el ‘docu-reality’ trate a veces a su hija con la misma ironía con la que trataría a una de sus colaboradoras con las que no está de acuerdo. Ha tenido que batallar duro para ser quien es y eso ha acabado influyendo en su carácter.

Teresa y Terelu son dos personalidades fortísimas que se adoran, pero que no pueden evitar chocar continuamente porque ninguna se conforma con lo que es o se está convirtiendo la otra. Teresa desearía que su hija tuviera programa propio, un marido estable y algunos kilos menos. Terelu no soporta la idea de que a sus años, Teresa pueda sufrir por culpa de un hombre. Ambas están equivocadas. Terelu ha encontrado la felicidad fuera de la lucha por el primer plano televisivo y liberándose de la cruda batalla que significa mantener la soñada talla 36. Teresa, por su parte, se lo pasa bomba con un hombre que la hace reír y con el que se siente amada. Teresa y Terelu se quieren muchísimo pero hay veces que el amor no basta porque se convierte en un sentimiento cercano a la esclavitud emocional. Madre e hija ya son mayorcitas para darse más libertades. Sufrirían menos.

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