Vidas propias

"El abrazo que le da a Carmen Gahona demuestra que le importa poco lo que su madre y sus satélites puedan decirle"

Jorge Javier Vázquez
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14 de abril de 2015, 10:00

Es el verso libre de un clan que deja poco aire a que un endecasílabo se salga de madre. Es mujer y ha estudiado, dos características difíciles de llevar en el Universo Pantoja. Las mujeres no pueden hacer lo mismo que los hombres y si lo hacen debe ser de puertas para adentro. Al Macho Pantoja, sin embargo, no sólo no se le censura que vaya de mano en mano o de cama en cama como “la falsa monea” sino que encima se le alaba. Y en cuanto a lo de estudiar, da la impresión de que Isabel II ha sido vista con escepticismo por los demás miembros del clan por el mero hecho de ser capaz de escribir sin faltas de ortografía. Que hable inglés con fluidez la coloca en un planeta más cercano a Marte que a Cantora.

 

Nos urge que Isabel II nos explique qué le ha sucedido dentro de esa familia porque pensábamos que era una de las protagonistas de la almibarada Mujercitas y ahora da la impresión que ha sido tan infeliz como los muchachitos de cualquier terrible novela de Dickens. Mucha maletita debe llevar encima para pasarse por el mismísimo arco del triunfo los amores y los odios que le vienen impuestos por familia. El abrazo que le da a Carmen Gahona en la fotografía que se tomó durante una escala en Bogotá rumbo a Honduras demuestra que le importa poco lo que su madre y sus satélites puedan decirle. Por todo ello y porque tiene toda la pinta de que va a tontear en grado máximo –que diría Ylenia– con Nacho Vidal, la pequeña Pantoja se está convirtiendo en santo de nuestra devoción.

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