Vidas propias

Cada vez que voy a Canarias rejuvenezco veinte años

Jorge Javier en Tenerife

7 de abril de 2018, 12:24 | Actualizado a

Decían que había llegado la primavera, pero en Madrid era difícil creerlo. Ha llovido tantos días seguidos que parecía que estuviésemos en Manchester. Sin embargo, ha sido llegar a Tenerife y darme cuenta de que el sol sigue existiendo. Y que me pone de buen humor. Y que si el tiempo me lo permitiera pasaría meses y meses en Canarias. La primera vez que cogí un avión fue para venir a Tenerife, precisamente. De eso hace ya treinta años. Ya he contado que tuve un novio de Lanzarote, y que incluso me hice residente para que me salieran los billetes más baratos. Expliqué lo de la residencia canaria no hace mucho, y hubo gente que se lanzó a criticarme. En su momento no lo entendí, pero creo que con ese asunto se han debido cometer muchas tropelías que han acabado afectando a gente que no lo merece. Pero todo hay que ponerlo en su contexto. Hoy no lo haría, pero con veintisiete años te dicen que existe la posibilidad de que los vuelos te salgan más baratos y, francamente, en aquel momento me costó negarme. Pero es que, además, por aquella época era tan feliz que quería vivir en Lanzarote. Colaboraba con Ana Rosa dos veces a la semana en ‘Sabor a ti’. Me pagaban muy bien, y llevaba una existencia idílica en la isla. Tenía muchos amigos, estaba muy integrado y me atrapaba la paz que desprende la isla. Pedir la residencia era un paso lógico, una manera más de estrechar lazos con unas islas a las que adoro; disfruto con la gente, tan cariñosa, con su manera de hablar, con su dulzura. Y me lo paso tan bien que, cada vez que vengo, rejuvenezco veinte años. Es domingo y estoy descansando en el hotel antes de ir a almorzar. El viernes nos acostamos tan tarde que ayer estaba hecho unos zorros, pero todavía tuve valor de plantarme en una fiesta a las seis y media de la tarde. Yo soy de los que piensan que hay que salir siempre porque me da rabia perderme algo. Pero la edad no perdona y, a las nueve de la noche, ya estaba en el hotel. Mi amigo Isra continuó, y a la una de la madrugada estaba llamándome para que volviera a salir. pero las fuerzas no me acompañaron. Hoy dice que tenemos que ir de chill out. Pues si él lo dice tendremos que ir, claro. Esta mañana he aprovechado para acabarme ‘Los días felices’, de Mara Torres. El libro me ha durado dos días, con eso creo que está dicho todo. Habla de mi generación, de nuestros sueños, de nuestros miedos, de las parejas, de la vida. He acabado llorando. Qué gusto dar con libros que ayudan a entenderte.

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