El peluquero de 'Sálvame'

Manuel Zamorano: "Sara Montiel me pidió que le rapara el pelo antes de morir"

Fue íntimo de la actriz hasta su muerte y habla de ella por primera vez. Peluquero de Mila Ximénez o Belén Esteban, nos revela algunos de sus secretos

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Manuel zamorano 8. Amigo íntimo y admirador

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Manuel zamorano 9. "Nuestra amistad es su herencia"

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Manuel zamorano 11. La peino en su boda

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Manuel zamorano 10. En las páginas de Lecturas

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Manuel zamorano 3. Su válvula de escape

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Manuel zamorano 1. Detrás de los 'looks' de 'Sálvame'

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Manuel zamorano 4. Karmele, la más insegura

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Manuel zamorano 6. Mujeres a las que adora... y a las que no tanto

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Manuel zamorano 5. La boda de Belén, ¿su próximo reto?

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Manuel zamorano 7. Su trabajo más caro

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Manuel zamorano 2. Los contras de ser famoso

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Televisión Entrevistas a famosos Sálvame Telecinco

22 de junio de 2017, 18:17

Manuel Zamorano, el peluquero de ‘Sálvame’ y uno de los más íntimos amigos de Sara Montiel hasta la muerte de la actriz, nos abre su corazón y bucea por primera vez en los recuerdos de Sara que atesora. Repasa también la actualidad y desenreda los nudos del programa de Jorge Javier Vázquez sin pelos en la lengua. El estilista de las estrellas nos recibe en su peluquería, en la que cualquiera puede encontrarse con Mila Ximénez o Carlota Corredera y compartir conversación y tinte con ellas y otras famosas.

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¡Eres el peluquero de las estrellas!

‘Sálvame’ fue mi despegue y son mis amigos. Tengo libertad creativa en las secciones que hago. Hace años hice un cambio de imagen a Mila Ximénez, le oscurecí el pelo y se lo corté. A raíz de aquello muchas querían su melena. Ella es muy importante para mí. Es mi amiga.

También eres íntimo de Carlota Corredera.

Sí, la quiero mucho. Como dijo nuestro amigo Óscar, nunca vi a Carlota con los kilos que tenía. Hemos estado siempre juntos y es muy generosa.

¿La ha cambiado la fama?

En absoluto. Cuando Carlota presenta la sección que hacemos ahora, ‘Hechos un cuadro’, mi papel en el programa crece. Me hace brillar como profesional. Jorge Javier, también. Es mi amigo.

¿Y Paz Padilla?

No es amiga mía.

¿A quién te gustaría cambiar?

A Belén Esteban. La adoro, siempre tiene un mensaje cariñoso. Hace poco me dijo: “El día de mi boda me vas a peinar tú”. No sé cuándo será, pero estoy encantado.

¿Quién es el más rebelde de ‘Sálvame’?

Cuando caracterizamos ponemos postizos o pelucas incomodísimos y a Mila no le gusta disfrazarse. Lo hace por el espectáculo. Es maravillosa.

¿La más insegura?

Con la única con la que tuve problemas fue con Karmele Marchante. Quería que el pelo solo se lo tocara su peluquero.

¿Eres feliz en ‘Sálvame’?

Mucho. El primero que me dijo que montara una peluquería en Madrid fue Raúl Prieto, uno de los directores del programa. Me encanta que me llamen el peluquero de ‘Sálvame’. Antes era el de Sara Montiel.

Sara Montiel llegó muy pronto a tu vida.

Hoy hablo de ella por primera vez. Yo tenía 18 años y ella, 69. Aún era una gran estrella. Fue mi madre de Madrid. ¡La echo tanto de menos!

¿Cómo la conociste?

En casa del padre de mi mejor amiga vi a Sara con su puro y un vestido de encaje marrón con el que se le transparentaba el pecho. Me impactó.

¿Vuestra amistad duró muchos años?

Hasta su muerte. Para mí Sara era una válvula de escape. Fue la primera persona a la que le dije que era gay. Me contestó que lo sabía desde el día que me conoció [risas]. Yo era feliz con ella, era mi amiga, y a su lado conocí a gente increíble.

¿Te confesabas con Sara?

Sí. Le conté cómo me acosaban de pequeño en el pueblo, que me pegaban y que los insultos fueron a peor cuando la gente supo que era mi amiga. Las envidias crecieron más. Me hacían pintadas en la puerta de casa. Escribían ‘Saritísimo maricón’. Me dibujaban una cabeza con un pene en la boca como si fuese un puro. Mis padres se levantaban de madrugada para quitarlas. Siempre me he sentido muy querido por mi familia.

¿Qué hizo Sara cuando se lo contaste?

Me dijo que me iba a ayudar a ser el peluquero más famoso y que iba a salir en la tele. Un día la acompañé a ‘Tómbola’ y les dijo que le preguntaran por la peluca que llevaba. Cuando lo hicieron, Sara me pidió que entrara en plató para que la peinara y demostrar así que lo que llevaba era su pelo, que no estaba calva. En el pueblo algo cambió después de eso.

¿Cómo llevaba Sara Montiel el paso del tiempo?

Fenomenal. Lo único que decía era: “Estoy gordísima y no como”. Yo alucinaba. “¿Cómo que no comes? ¡Si nos acabamos de tomar unos huevos con patatas fritas!”, le contestaba. ¡Aún no sé cómo podía encender la vitrocerámica y pelar las patatas con aquellas uñas tan largas que tenía! [risas].

¿Cuál fue tu mayor aventura con Sara Montiel?

Su boda con Toni Hernández. Me encerraron en un hotel dos días para que no me siguiesen.

¿Le dijiste que no se casara?

No, la quería tanto que la apoyaba en todo. El día de la boda nos metimos en un baño del ayuntamiento y la peiné y la vestí allí. Tenían que sacarme escondido, pero me vieron. Y Sara dijo la famosa frase: “¿Qué pasa? ¿Pero qué invento es esto?”.

¿Sufrió cuando se separó?

Mariñas le dijo a Sara que era una payasa y eso le dolió mucho. Para mí siempre fue la mejor, pero en aquella época se desvirtuó. Algunos periodistas la insultaban y yo lo pasaba fatal.

¿Fuiste consciente de que se acercaba su final?

Dos semanas antes de morir me pidió que le rapara el pelo. “Queco, no estoy bien y quiero que me cortes el pelo muy corto”, me dijo. A pesar de que la vi desorientada, no fui consciente de que estaba tan mal. Una semana después murió.

¿Cómo recuerdas el día de la muerte de Sara?

Había quedado con ella en su casa, le tenía que llevar unas pelucas. Murió en la cama. Yo me senté con ella y la estuve acariciando. Me daba la impresión de que me escuchaba. Hasta que llegaron los de la autopsia y la metieron en una bolsa, no salí de la habitación.

¿Se acordó de ti en su testamento?

No, y lo prefiero. Tengo muchos recuerdos: puros con la marca de sus labios, fotografías, vestidos que me regaló, sus pelucas. Todo tiene su olor. Nuestra amistad es su herencia.

¿Tienes relación con los hijos de Sara?

Muy poca. Me quedé muy triste cuando murió y todo lo que fuese su entorno me hacía sufrir. Con su hija Thais he hablado alguna vez y a Zeus le perdí el rastro.

¿Sara venía a esta peluquería?

Sí. Y se tomaba un pincho de tortilla con una cerveza [risas].

¿Cuál es el trabajo más caro que has hecho?

El de Makoke en su boda. Le pusimos extensiones de pelo eslavo sin teñir que costaron unos 6.000 euros y duraban seis meses. Nos los patrocinaron. Pero aquí todo el mundo es igual de importante. Cualquiera puede peinarse desde 20 euros y no hay salas en las que están las famosas escondidas.

¿Hay algo malo en ser un peluquero famoso?

Los insultos en las redes sociales. Son gratuitos y me recuerdan lo que recibía de joven.

¿Tienes algún sueño por cumplir?

Me encantaría que me probaran en ‘Cámbiame’ por si necesitan un sustituto.

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