No recuerdo cuándo fue la última vez que me compré un pantalón. De hecho, el pasado invierno fui un día de compras, me compré varios y todavía tengo uno con la etiqueta puesta. Cuando voy a la farmacia que hay enfrente de la tele me compro todas las mousses desmaquillantes de una determinada marca que tienen a la venta. Ayer fui a unos grandes almacenes y compré más de diez botellas de geles de baño. Al preguntarme si me lo envolvían para regalo musité con vergüenza que no. No añadí que eran para mí porque quería evitar la mirada de la dependienta. En navidades me compré siete u ocho perfumes y dije que ninguno era para regalo porque tardan una eternidad en envolverlos. Tampoco fui capaz de confesar que eran todos para mí. Me gusta almacenar en casa esa clase de mercancía. La que tiene que ver con el cuidado corporal y facial, fíjate. Quizás algún psicólogo tenga explicación a eso. A lo mejor le doy salida a la ansiedad con ese tipo de acciones.