La cantante canaria Raquel del Rosario bebe los vientos por sus dos pequeños, Leo y Mael, de siete y cinco años respectivamente. Leo es autista, un trastorno psicológico que hace que el niño se encierre en sí mismo y no se comunique con su entorno del mismo modo que otros niños de su edad.

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Con motivo del Día Mundial de Concienciación del Autismo, Raquel del Rosario ha compartido una conmovedora reflexión. "Una vez Pedro me pregunto algo que me dejó sin palabras: 'Si hoy te dijesen que se puede revertir el autismo de Leo ¿estarías preparada para que dejase de ser el niño que es ahora?'. Aquello despertó muchos sentimientos en mí", comienza escribiendo Raquel para quien, como le sucede a cualquier madre o padre que tiene en casa un niño con necesidades especiales, "nos preocupa su bienestar, su integración en la sociedad, el hecho de que puedan ser autosuficientes en un futuro…".

Raquel del Rosario

Raquel del Rosario, con su hijo mayor, Leo, que en julio cumplirá ocho años. Leo es autista.

Instagram @raqueldelrosario

Es obvio que Raquel sería muy feliz si Leo "pudiese ser independiente, de poder dialogar con el y descubrir lo que siente, de verle hacer amigos, estudiar lo que quisiese si quisiese, enamorarse, viajar, perseguir sueños…". Claro que esa 'normalidad' –los niños autistas son perfectamente normales– tendría también una doble cara que Raquel ha querido sacar a la palestra.

"Sería muy duro despedir al Leo de ahora, toda esa genialidad y misterio, esa forma única de percibir el mundo, sus ocurrencias, sus peculiaridades, su mirada única… Sin duda, sería duro dejar ir todo eso, aceptar esa muerte", reflexiona Raquel, que adora a su hijo con sus cosas buenas y sus cosas menos buenas.

"Creo que venimos al mundo con el alma llena de puertas cerradas, y que todas las personas que la vida nos va presentando vienen para ayudarnos a abrirlas. Ojalá yo pueda abrirle tantas como las que me está derribando el. Leo, tu presencia en este mundo es un regalo. TEA-MO 💙", concluye Raquel.

Hace unos meses, en octubre, su gran preocupación recayó sobre el pequeño de los dos hermanos, Mael, que fue atacado por un puma y llegó con un hilo de vida al hospital. Mael salvó la vida milagrosamente, gracias en primer lugar al arrojo y valentía de sus padres, que se abalanzaron sobre la bestia salvaje para tratar de quitarle las garras que arañaban la débil espalda del niño. Después, los sanitarios lograron establecer el delicadísimo estado de salud del pequeño, que estuvo debatiéndose entre la vida y la muerte durante varias horas.