"No sé si fui lomanista o no pero para que no vean que huí del barco como las ratas me incluiré dentro de ese grupo"

¿Y tú qué opinas?

Jorge Javier Vázquez y Carmen Lomana

10 de junio de 2014, 07:00

Yo no sé si puedo decir que hemos firmado la paz pero de lo que estoy convencido es de que no volverá a haber guerra. Con los años te das cuenta de que no compensa enzarzarse en la batalla porque, al final, incluso los ganadores salen tocados.

Ahora soy más de clavel en la punta del fusil, de luchar cantando ‘Grandola Vila Morena’. Hubo una época en la que el lomanismo tenía muchos acólitos. No sé si fui lomanista o no pero para que no vean que huí del barco como las ratas me incluiré dentro de ese grupo. Le reíamos las gracias, festejábamos sus ocurrencias y la adoptamos como una firme alternativa al establihsment que significaba la impertérrita Naty Abascal. Pero Lomana, seducida por la popularidad, perdió enteros de grandeur y comenzó a mezclarse demasiado con famosos low cost. Entonces ahí nos cansamos del juguetito y comenzamos a darle palos hasta en el cielo del paladar. Ella entró en la batalla y de esa guerra salimos todos trasquilados. Cuatro años después de su primera aparición, Carmen volvió al ‘Deluxe’ para hablar de su hermano. La encontré menos afectada, más visceral, destilando con sabiduría el veneno necesario para hacer daño en el momento oportuno. Estuve toda la entrevista embobado, fijándome bien en su manera de hablar. Alicia, mi profesora de canto, me la pone como ejemplo: “Ahora haz el ejercicio con la cara relajada, como si fueras Carmen Lomana”, me indica en ocasiones toda seria. Y entonces yo canto hablando a lo Lomana y me sale niquelado. No se lo dije a ella porque es capaz de sacar su método de canto y promocionarlo en un córner de El Corte Inglés.

Por Jorge Javier Vázquez

Ya sé que no me conocéis y que nunca habéis oído hablar de mí… así que voy a aprovechar esta oportunidad para ir con frecuencia a mi archivo mental y vaciar la papelera en este blog en un intento de no colapsar mi ordenador personal, ya de por sí siempre lleno de ideas sin salida.