Vidas propias

"Muchos de los que escribían sobre ella se volvieron imbéciles al descubrir la popularidad"

Jorge Javier Vázquez
Jorge Javier Vázquez y Rocío Carrasco

16 de septiembre de 2014, 10:18

Me gusta el revuelo que ha provocado el fichaje de Isabel II por ‘Cazamariposas VIP’. Un programa como ese –tan experimental, podríamos definirlo eufemísticamente– cometería una locura si contratara a profesionales de primer orden. ‘Cazamariposas VIP’ es un banquillo de televisión, un lugar en el que jóvenes profesionales –o que aspiran a serlo– se ruedan con vistas a hacerse un hueco.



 

Eso es en lo que debería convertirse TVE: un lugar en el que se fueran forjando las nuevas generaciones de comunicadores aunque el ENTE parece preferir continuar anclado en audiencias mediocres con programas paridos de la ultratumba.

 

Pero volvamos a lo nuestro. Cargar contra la hija de una famosa que recién cumplida la mayoría de edad decide salir por la tele no es nuevo. Ya vivimos ese fenómeno con Lara Dibildos, Carmen Morales o Rocío Carrasco. Ya las destruimos en su día, pero eso no tiene ningún mérito. Cebarse con el débil es muy sencillo.

 

Fuimos especialmente crueles con Rociíto, que cuando abandonó las faldas de su madre se presentó al mundo como una niñata malcriada, prepotente, soberbia y antipática. Le dimos cera para aburrir. Luego nos dimos cuenta de que muchos de los que escribían sobre ella se volvieron imbéciles cuando descubrieron la popularidad televisiva. Rociíto no era tonta; era joven. Y con los años ha demostrado poseer la inteligencia suficiente como para apartarse de un mundo que para ella resultaba tóxico.

 

Por mi parte, no pienso participar en la cremá de Isabel II. Su inseguridad, su timidez y su escaso desparpajo me producen mucha ternura. Es la Edith Piaf catódica 2.0. Le auguro una época de gran sufrimiento. A esa edad es imposible tener la suficiente fortaleza para superar los insultos que corren por esas redes de la que ella es adicta.

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