Vidas propias

"Mila es feliz yendo contra el mundo, le da marcha tener un enfado rondando en su cabeza"

Jorge Javier Vázquez
Jorge Javier Vázquez

31 de julio de 2014, 07:00

Estamos almorzando en un restaurante y de repente escuchamos un mugido. “Eso es una vaca de mi granja, que me está pidiendo que recoja la producción”, nos cuenta Mila. No entendemos nada. Entonces empieza a explicarnos que está enganchada a un juego que es una granja y ella es la granjera. “Para ir avanzando de nivel tengo que hacer muchas cosas: pasteles de arándanos, sopa de pastor, buñuelos de manzana, muesli, fabrico mantas”. El caso es que nos lo cuenta con tanta vehemencia que nos dan ganas de quedar con ella para conocer sus dominios, pero esos dominios son virtuales. No existen. “Pero también me obliga a mantener la cabeza despierta porque tengo diez animales a mi cargo”, remata. Todos estamos a puntos de cachondearnos de ella pero nos tragamos nuestras risas porque si no corremos el riesgo de que se coja un cabreo antológico. Mila es feliz yendo contra el mundo, le da marcha tener un enfado rondando en su cabeza. Nos ha amenizado el viaje contando pasajes de su vida y todos nos quedábamos con la boca abierta cuando recreaba sus aventuras, desventuras, fracasos sentimentales o éxitos sociales. El penúltimo día Maeso propone que juguemos al Trivial de Mila. Y al instante comienzan a surgir posibles preguntas: “Color de la imponente casa que alquiló un verano en Marbella”; ¿En qué céntricos apartamentos madrileños vivió durante varios años?; ¿Con qué célebre actor español vivió un tierno verano de lujurias y azoteas? Y así hasta cincuenta. Mila se asombra porque conocemos todas y cada una de las respuestas. Supongo que piensa que cuando habla desconectamos. Momentos antes de subir al avión alguien dice: “Volvemos a la realidad”. “Eso vosotros. Yo vuelvo a la ficción”, suspira Mila. Todo el grupo empezó a echarla de menos en cuanto nos despedimos de ella.

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