"Díez y Blesa se creen que están buenos y son de los que deben repetir: 'Menos mal que he nacido'"

¿Y tú qué opinas?

Alfonso Díez

4 de noviembre de 2014, 09:30

Los hombres y mujeres del tiempo aseguran que se avecinan tormentas así que P. y yo aprovechamos que el sábado hace sol para tomarlo con ansiedad.

 

En la casa de al lado suena a un nivel bastante considerable un rosario de temas harto conocidos: “El lago de los cisnes”, “La lista de Schindler” y la Habanera de Carmen, entre otros. Están orquestados de una manera tan obvia que remiten al cartón piedra.

 

Mientras los escucho  me viene a la memoria  la imagen en sepia de Alfonso Díez, que le ha concedido una entrevista a Beatriz Miranda para LOC. Él y su señora esposa, la Duquesa de Alba.

 

Alfonso Díez me recuerda estéticamente a Miguel Blesa. Comparten ambos un elevado concepto de sí mismos. Díez y Blesa son cursis, relamidos, se creen que están buenos y al abrir los ojos cada mañana son de los que deben repetir varias docenas de veces el siguiente mantra: “Menos mal que he nacido”.

 

Entre las refinadas torturas que le pueden infligir a un ser humano debe considerarse como una de las más refinadas la de tener que cruzar conversación con alguno de estos dos lindos. No quiero ni pensar lo que debe suponer tener que compartir cena.

 

Creo que si me dieran a elegir preferiría estar en el corredor de la muerte esperando mi turno. Ahora bien, de los dos prefiero a Díez. Aunque me espeluzna que utilice palabras como “Primorosa” –así define la relación que tiene ahora con los medios- lo veo menos dañino que a Blesa.

 

El tal Blesa puede seguir yendo de dandy pero debería empezar a darse cuenta de que la flaccidez de sus carnes le traicionan. No son carnes de viejo, que también, sino carnes muertas corroídas por la corrupción.

 

Por Jorge Javier Vázquez

Ya sé que no me conocéis y que nunca habéis oído hablar de mí… así que voy a aprovechar esta oportunidad para ir con frecuencia a mi archivo mental y vaciar la papelera en este blog en un intento de no colapsar mi ordenador personal, ya de por sí siempre lleno de ideas sin salida.