Tuvo que cambiar el 'chip'

El 'aviso' que el destino le dio a Raquel del Rosario tras nacer Mael

El nacimiento de su segundo hijo supuso un profundo cambio que le llevó a sufrir un percance, pero que le dejó una gran reflexión

Raquel del Rosario
Raquel del Rosario

6 de julio de 2017, 14:44

El instinto para saber leer las señales es lo que ha 'salvado' a Raquel del Rosario de echar al traste el equilibrio en su vida. La cantante, que reside en Los Ángeles junto al realizador Pedro Castro y con quien ha formado una preciosa familia, acaba de revelar un acontecimiento que le hizo cambiar el chip y reconducirse, para volver a 'fluir' con la vida. Según explica en su blog en Elle, todo sucedió después del nacimiento de su segundo hijo, Mael. Raquel dio a luz por parto natural en su propia casa y el alumbramiento, a pesar de la 'pelusilla' inicial de su hijo Leo, fue una de las experiencias más intensas y maravillosas de su vida y también de toda la familia.

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"Hace algo más de un año, cuando llegó Mael, el síndrome nido que había padecido durante los últimos meses de embarazo se incremento de manera preocupante", narra Del Rosario. Fue tal su obsesión por el orden y la perfección que "era incapaz de ver una sola cosa fuera de lugar o sucia, e incluso llegué a desarrollar una especie de superpoder con el que detectaba las motas de polvo que flotaban en el aire abalanzándome sobre ellas antes de que tocasen el suelo". Una situación que la estaba alterando y que hacía más cuesta arriba hacer de mamá de dos criaturas tan pequeñas.

Durante ese período, se le metió entre ceja y ceja que "las escaleras de la la terraza necesitaban una mano de pintura" porque, según su impresión, estaban cada vez más sucias. Antes de pintarlas, decidió limpiarlas a conciencia con agua con tan mala suerte que rebaló, llevándose un buen golpe. "Me dí un fuerte golpe en la espalda y la cabeza, me quedé tendida en el suelo sin poder casi respirar ni moverme" y antes los ojos de su hijo mayor, que se asustó muchísimo y no dudó en acudir a ayudar a su mamá como pudo. Raquel, que estuvo dolorida "más de una semana (...) sin poder levantar a los niños en brazos ni valerme por mi misma al 100%", sacó una gran lección de todo aquello. Para ella, no fue solo un golpe, sino "un toque de atención". La cantante aprendió, en los días siguientes en lo que estuvo descansando con Mael "durmiendo sobre mí horas y horas", que lo que más preciado para sus hijos era el calor y el amor que ella y su padre les podían dar. Y que ella debía estar bien para cuidar de ellos. Más allá de todo eso, "la casa, las escaleras y todo lo demás podían esperar". Así fue cómo volvió a disfrutar todo eso que se estaba "perdiendo", "de los niños y de mí misma".

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