Con la muerte de su padre, que esperamos tarde mucho, los problemas económicos de las infantas también pasarían a mejor vida. Ninguna de las dos nada en la abundancia, aunque don Juan Carlos siempre les ha echado una mano cuando ha sido necesario. Ayudó con dos millones de euros al pago de la casa de Cristina en Pedralbes y se hizo cargo de los estudios de los hijos de Elena. También regaló a los chicos unas tarjetas ‘black’ para sus gastos y a Victoria Federica un caballo valorado en 10.000 euros. “El caballo debía ser muy buena persona, lo que no quiere decir que sea un buen caballo”, me comenta socarronamente un experto en el tema. “Un campeón cuesta como mínimo diez veces más”, añade. Pero con 900 millones cada una en el banco las hermanas podrán cumplir sus sueños.

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Cristina, probablemente, compraría casa en Madrid, pues ya sabe que, una vez desaparecida doña Sofía y dada la mala relación con Letizia, las puertas del Palacio de la Zarzuela estarían cerradas para ella. Y tiene muchas ganas de dejar Suiza para intentar recomponer su familia, ahora que la puesta en libertad de Iñaki parece inminente. Quizá montaría su nuevo hogar en la urbanización Puerta de Hierro, una zona elegante y discreta donde vivieron sus abuelos, o en la Moraleja, donde tiene muchos amigos. Allí Cristina podría disfrutar, gracias a la herencia del padre, de un desahogado estilo de vida, ya que el futuro laboral de Iñaki no resulta muy halagüeño y ella al parecer está a punto de tramitar su salida de la Caixa.

Elena, por su parte, que está contenta en su casa madrileña de Fuente del Berro, tal vez optaría por comprarse una finca con caballos y caza menor, ya que es una gran amante del ambiente campero. Marivent queda descartado como destino vacacional, y así doña Elena podría corresponder a las frecuentes invitaciones de sus amigos con cotos de caza.

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Las hermanas no son dadas al lujo ostentoso, lo que no quiere decir que no vivan con todas las comodidades posibles y se den sus caprichos. Cristina, por ejemplo, es una gran aficionada a los zapatos y, como nunca tira ninguno, necesita una habitación solo para guardarlos. Su hermana mayor es más de bolsos: Chanel, Hermès, Dior, Vuitton… No le falta ninguno. Elena y Cristina, además, podrán asegurar el futuro de sus hijos. Ninguno de los seis tiene, de momento, una sólida actividad profesional: unos porque son muy jóvenes, otros porque han estado marcados por la atípica situación familiar.