Después de siete años sin inquilinos, el famoso chalet de Pedralbes, que albergó a la familia Urdangarin, vuelve a tener vida. La que fue la residencia más famosa de Cristina de Borbón y su marido en Barcelona, y tras permanecer bajo reformas desde 2017, vuelve a estar ocupada por una familia de la que de momento se desconoce su identidad.

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Completamente renovada, la vivienda -de 1.049 metros cuadrados edificados- se ha convertido en un símbolo más en la historia de los Urdangarin, testigo del apogeo de la familia, así como del declive consecuencia del poelémico Caso Nóos. Fue el multimillonario Laith Pharaon, un empresario de la industria hotelera, de origen árabe y conocido del Rey emérito Juan Carlos I, quien adquirió el inmueble hace aproximadamente un año y medio. Sumaba así esta adquisición a sus propiedades en América Latina, Estados Unidos, Maldivas e incluso España.

Pedralbes
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Por el momento, el director financiero de Orca Holding, compañía propiedad de Pharaon, no ha querido aclarar si la residencia ha sido alquilada o vendida, por lo que se desconoce si a día de hoy sigue siendo propiedad del empresario árabe. Datos que, por su parte, el bufete de abogados Addvante, tampoco han querido desvelar.

Pero antes hubo otro comprador. Fue la sociedad de inversión Southbury, que formalizó la compra en 2015 por 6,9 millones de euros, la primera en adquirir la vivienda Urdangarin, y la encargada de vendérsela después a Pharaon por una cifra que se desconoce. El precio del alquiler durante la estancia de Cristina de Borbón y su marido rondaba los13.000 euros al mes, una cantidad que en la actualidad, teniendo en cuenta el precio medio de alquiler residencial en el barrio de Pedralbes, podría ascender hasta los 16.000 euros mensuales.

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Se trata de una de las zonas más exclusivas de la Ciudad Condal, cercana a algunos de los mejores colegios de la ciudad, con una variada oferta comercial y de restauración del barrio de Sarrià. Además, cuenta con el monasterio gótico de Pedralbes, los bosques del castillo de L'Oreneta, el Tenis Club de Barcelona o los jardines de Villa Amelia y Santa Amelia, un parque que Cristina, Iñaki y su familia solían frecuentar los fines de semana.