Vidas propias

"El público abarrota el precioso Auditorio de Roquetas de Mar y nos recibe y nos despide con cariñosísimos aplausos"

Jorge Javier en Roquetas de Mar

7 de octubre de 2015, 07:00

El sábado a media tarde llegamos a Almería; el domingo por la noche actuamos en el auditorio de Roquetas de Mar. El día no acompaña. La tarde está triste, otoñal. No parece que haya mucha gente hospedada en el hotel aunque se están celebrando dos bodas. Suenan a todo trapo los grandes hits de este tipo de acontecimientos: 'La bilirrubina', los primeros éxitos de Bisbal y demás.

Antes, llegar a un sitio de playa con mal tiempo me deprimía. Ahora, P. y yo disfrutamos haciendo planes mientras tomamos una caña en un salón vacío: huyendo de las bodas pediremos la cena en la habitación –o de lo contrario podemos acabar bailando 'El tractor amarillo' con los invitados–, saltaremos un rato de canal en canal de televisión y acabaremos poniéndonos una de las pelis que nos hemos traído de Madrid. La felicidad también era esto.

Al día siguiente, el público abarrota el precioso Auditorio de Roquetas de Mar y nos recibe y nos despide con cariñosísimos aplausos. De camino al Auditorio me encuentro con varios carteles de la función y una leyenda: “Entradas agotadas”. No puedo evitar decirle al taxista que pare al lado de uno de ellos para hacerme una fotografía. Felicidad también. Máxima, que diría Ylenia.

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