El pasado 4 de agosto Meghan Markle celebró su primer cumpleaños tras el ‘Megxit’ y lo hizo de una forma muy especial. Si algo quería ese día la mujer de Harry de Inglaterra era festejar su aniversario en la más absoluta intimidad. Y lo consiguió. Recibió felicitaciones públicas de la reina de Inglaterra, de los duques de Cambridge y de los duques de Cornualles. Pero aquel día no hubo ni rastro de Harry y Meghan. Ahora, una fuente cercana a la pareja ha contado a ‘The Mirror’ cómo fue este cumpleaños tan diferente, y lo más destacado es la romántica sorpresa que Harry le preparó a Meghan.

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El duque de Sussex le preparó una cena elaborada por él mismo en la cocina de su casa de Los Ángeles. Los allegados a Harry dicen que ha cogido mucho gusto a eso de cocinar desde que no forma parte de la corona británica, y para sorprender a su mujer no dudó en poner en práctica todo lo aprendido en los últimos meses. Y aunque durante el día sí que disfrutó del pequeño Archie, por la noche lo dejaron a cargo de su abuela Doria para que ellos pudieran estar solos. Además de prepararle la cena le hizo entrega de dos regalos, un collar diseñado por él y una fotografía enmarcada de los dos.

Harry y Meghan

Seguro que Meghan disfrutó de este cumpleaños más que de los anteriores, en los que se encontraba en una situación más tensa que ahora. Tal y como desvela la biografía ‘Finding Freedom’, que relata la vida de Harry y Meghan, la exactriz tenía muchísimos nervios en sus primeros encuentros con Isabel II. Incluso antes de su primer encuentro ensayó la reverencia una decena de veces para que todo saliera perfecto. También pasó muchos nervios en su primer encuentro con el príncipe Guillermo, ya que sabía que su opinión era muy importante para Harry.

Meghan Isabel II

Pero en todos estos instantes siempre contó con el apoyo y la protección de su marido, que por aquel entonces ya tenía claro que era la mujer de su vida. De ello se dio cuenta durante un viaje a Botsuana que hicieron nada más conocerse y en el que hubo un detalle que encandiló al nieto de Isabel II. "Mientras acampábamos, se limpiaba la cara con toallitas húmedas para bebés y sin preocuparle nada, se iba por el bosque si necesitaba iba ir al baño”. Esto hizo que Harry se percatara de su naturalidad y quedara prendado de ella.