Era una de las mujeres más ricas del mundo. Isabel II era poseedora de un enorme patrimonio valorado, aproximadamente, en más de 14.000 millones de euros, de los cuales unos 416-500 millones eran la fortuna particular de la reina, una cantidad estimada, ya que no estaba obligada a hacer público su patrimonio privado. Eso quiere decir que la mayor parte de los bienes de los que Isabel II se beneficiaba eran propiedad de ella mientras duró su reinado y ahora irán a parar directamente a quien lleve la corona a partir de su fallecimiento que en este caso es su primogénito, el rey Carlos III.

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Por lo que se refiere a las propiedades de la corona de Inglaterra, el rey Carlos se beneficiará del ducado de Lancaster, heredado de monarca en monarca desde 1399. Este ducado es propietario de 18.000 hectáreas de terreno, nueve castillos, varias minas de caliza y arenisca, y es la fuente de ingresos más antigua de la monarquía británica. El dinero que aporta se destina a los gastos de mantenimiento de los palacios, así como a los gastos personales y oficiales del monarca.

Las tierras y propiedades de los reyes generan unos ingresos que son gestionados por The Crown Estate. El rey o la reina reciben un dinero anual procedente de esas ganancias (un 15%) a cambio de que la corona se haga cargo de toda esa gestión. Entre esas propiedades figuran el palacio de Buckingham –residencia oficial de los reyes–, el castillo de Windsor –asimismo, residencia oficial de los monarcas– el hipódromo de Ascot y la totalidad del Saint James Market y la Regent Street de Londres.

La colección de arte de Isabel II es inmensa. Más de 7.000 cuadros, y otros 40.000 entre dibujos y objetos decorativos forman parte de ella. Obras de Vermeer, Rubens, Rembrandt, y Leonardo da Vinci, entre otros, pasarán ahora a ser de Carlos III, ya que también se trata de bienes inherentes a la corona y no pertenecientes a la fortuna privada de Isabel II.

Por lo que se refiere a las propiedades que sí eran de Isabel II y que puede legar a quien desee de sus sucesores, está el castillo de Balmoral, en Escocia, su residencia favorita en la que murió el pasado jueves 8 de septiembre, y la residencia de Sandringham, donde la familia real solía pasar las navidades. También es de su propiedad el palacio de Kensington, residencia oficial de los príncipes de Gales –cuando Carlos estaba casado con Diana–, y donde los hijos de Carlos, Guillermo y Harry, disponen de sus propios apartamentos. Otras propiedades son los castillos de Lancaster, Pontefract y Tutbury.

La reina Isabel era poseedora también de una valiosa colección de sellos que heredó de su padre, el rey Jorge VI, así como de una prestigiosa cuadra de caballos de competición, con 30 sementales, que le proporcionaban pingües beneficios, unos 10.000 euros anuales. Enamorada de la raza de perros corgi galés, un cachorro de la camada real cuesta, atención, 17.000 euros. Su parque automovilístico está valorado en unos 15.000 euros. En cuanto al 'cash' hay que tener en cuenta que Isabel II heredó de su madre 93 millones de euros.

Otras herencias curiosas que recibirá Carlos III son los cisnes del Reino Unido. Nada más y nada menos que 32.000 ejemplares, así como los pelícanos que nadan relajadamente en los estanques de St. James Park.

Las joyas merecen un capítulo aparte. Sus joyas personales pueden alcanzar un valor de unos 10.000 euros, pero las joyas de la corona, que pertenecen al rey o a la reina, tienen un valor estimado de 5.000 millones de euros y que ahora será Camilla quien podrá lucirlas como reina consorte.

El rey Carlos III será el mayor beneficiado de la fortuna de su madre, ya que recibirá todo lo que pertenece al monarca regente. Se cree que Isabel II repartirá su fortuna privada entre sus otros tres hijos, Ana, Andrés y Eduardo, sus nietos y sus bisnietos.