Kate Middleton y el príncipe Guillermo cuentan en su equipo más cercano con una persona de confianza de la que mucho se ha hablado en los últimos años, al menos en España: María Teresa Turrión Borrallo. Probablemente una de las personas que más conoce a los duques de Cambridge, esta institutriz se encarga de ayudarlos con la educación de sus tres hijos, los príncipes George, Charlotte y Louis, con quien pasa la mayor parte de us tiempo.

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Aunque a lo largo de los años mucho se ha hablado sobre la labor de esta madrileña de 50 años, lo cierto es que no ha sido hasta ahora cuando se ha conocido una prohibición muy llamativa a la que tiene que hacer frente María Borrallo durante sus horas de trabajo. Según ha publicado el diario Mirror, las niñeras educadas en Norland, el prestigioso centro donde se formó la española, tienen una norma que vela por los más pequeños de la casa y que consiste en no llamarlos de una determinada forma. “La palabra ‘niño está prohibida. Es una señal de respeto por los pequeños como individuos”, ha explicado el experto real Louis Helen a la mencionada publicación.

Carmen Borrallo

La niñera de Kate Middleton y el príncipe Guillermo, Carmen Borrallo, junto a la princesa Charlotte

GTRES

Por lo tanto, según las palabras del experto, Borrallo nunca utilizaría la palabra niño para referirse a los tres hijos de los duques de Cambridge, sino que siempre optaría por dirigirse a ellos por sus respectivos nombres.

Junto a este detalle hasta ahora desconocido, el experto ha destacado que la institución promulga el aprendizaje a través del juego, las actividades al aire libre y el amor por la naturaleza. “Ensuciarse jugando con los niños es parte clave del espíritu de Norland”, recalca Heren. Unos valores muy en concordancia con la educación que Kate Middleton y el príncipe Guillermo intentan darle a sus hijos.

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Los duques de Cambridge siempre han intentado que los más pequeños de la casa pasen el mayor tiempo posible en la naturaleza, Además, según The Sun, los Cambridge están siguiendo el ejemplo educativo de la familia de Kate, es decir, un modelo firme, pero no demasiado estricto, en el que se intenta que los niños crezcan como tales. Por ello, el propio príncipe Guillermo ha intentado que su hijo no lleve el peso de la institución desde pequeño y no fue hasta que cumplió los siete años cuando le habló de su papel como heredero. Algo que, además, hizo a través de cuentos.