El rey Juan Carlos anuncia que se marcha a vivir fuera de España y esto podría hacer tambalear su, cada vez más pobre, relación con sus nietas menores, la princesa Leonor y la infanta Sofía.

Pilar Eyre, nuestra excepcional bloguera, lo venía avisando desde hacía tiempo a través de las páginas de Lecturas. “El rey Juan Carlos solo ve a sus nietas, Leonor y Sofía, en los actos oficiales”, le decía uno de sus habituales confidentes, “pasan meses enteros sin encontrarse”. Esta era la situación hace casi dos años, antes que la cosa empezara a ponerse realmente fea para el emérito y este dejara de acudir a los eventos institucionales. Don Felipe y doña Letizia trataban de desligar la imagen de las niñas, siempre pulcra, blanca, sin mácula de la del patriarca real, cada vez más ensombrecida.

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Los hechos se han precipitado a raíz de las declaraciones de Corinna. El emerito quedaba expuesto como nunca antes. Cuentas en paraísos fiscales, ocultación de ingresos millonarios a la Hacienda pública, comisiones estratosféricas…que han acabado con una escuetísima carta en la que Juan Carlos anuncia a su hijo su marcha de España.

Durante todo este tiempo, tanto Felipe como Letizia se han visto en la tesitura de aparentar normalidad y tranquilidad cuando en palacio debía haber un auténtico terremoto. Su gira por España, que también servía para promover el turismo nacional tras la crisis provocada por la covid 19, culminaba la semana pasada y, tal y como estaba previsto, estos empezarían su descanso estival el 1 de agosto en Mallorca. No fue así. La familia real atrasó su llegada a la isla una semana y ahora conocemos el motivo: hacer pública la decisión del marido de doña Sofía el lunes 3 de agosto.

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La tarea, especialmente de Letizia, que siempre ha sido muy crítica con los comportamientos más reprochables de la familia de su marido, de alejar a las niñas de la imagen que estaba trasladando su abuelo ha sido titánica. Las menores cada vez estaban más alejadas de su abuelo. Y ahora, con la salida del país, la relación será mucho más fría. Los reyes tratan de que las niñas tengan una conducta ejemplar, quizás esto lleva a que la familia, a diferencia de en otras monarquías, pequen de artificiales. Pero todo debe estar medido, hay que compensar las críticas suscitadas por el abuelo. Hercúlea labor. Y eso, claro está, a veces se lleva consigo la naturalidad.

No hemos visto, como si ha ocurrido con doña Sofía, paseos relajados mientras iban al mercado, de paseo por Palma o a ver un musical a la Gran Vía. En los últimos años, los besos al abuelo, de manera pública y parece que también en privado, han sido contados. Todo formaría parte de la premeditada estrategia de los Reyes por salvar la imagen de las más pequeñas de la casa real. De salvar la próxima generación.