No es por maldad

"Javier Merino estaba enamorado como un becerro"

Pilar Eyre
Mar Flores
Pedro Pernía

30 de marzo de 2016, 15:24

Llamo alborozada a todas mis amigas (tres) para explicarles que empiezo a trabajar en Lecturas y una de ellas me dice mientras le hacen la manicura, “hija, a todo le llaman trabajar”, otra me pregunta, “¿haciendo qué?” y la tercera me espeta “creía que ya estabas jubilada”. Llamo a Jorge Javier Vázquez y se me pone quejicoso, “ahora ya no podré hablar con libertad porque todo lo contarás en tu columna” (esto es la muestra viviente de que tenías razón, querido Jorge). Llamo a Luis Pliego y me dice, “ya lo sabía, recuerda que te he contratado yo” y he creído advertir cierta alarma en su voz y cierto arrepentimiento. Así que, cariacontecida y humillada, engarfio los dedos delante del ordenador y me lanzo de cabeza a mi primera crónica. Comienzo…

¿Comienzo por dónde? ¿Algún desconocido, un ser anónimo? ¿La Preysler? ¡No estoy de coña, lo juro! Porque en Filipinas a Isabel no la conoce ni Dios. Hablo con mi contacto en Manila de la revista rosa Ngayon y le cuento que Isabel celebra el cumpleaños de Vargas Llosa durante tres días en plan boda gitana y con la asistencia de ¡reyes! ¡presidentes! ¡Elena Benarroch! Y el periodista ríe hastiado “qué pesados con esta señora, estoy harto de vuestras llamadas… Aquí no es famosa ¿Vargas Llosa? Tampoco… ¿Julio Iglesias? Querrás decir Enrique Iglesias, ah, ¿qué es su madre? Me la repampinfla…” Y cuelga soltándome “pupunta ka sa impyerno” (seguro que algo feo en tagalo).

Otra mujer. Mar Flores. Que se separa de su marido aunque según me cuentan llevaban meses distanciados pero Mar no lo quería hacer público para que no la tacharan de desleal ahora que Javier Merino está arruinado. La conocí hace tiempo, elegante y con ojos de cervatillo herido. El día en que cumplió 30 años, me dijo que se iba a Madrid a celebrarlo con su novio. Abrió la puerta del chalet y… Javier había contratado a la mejor diseñadora y en un solo día había cambiado de arriba abajo la decoración, desde la moqueta hasta el vaso de dientes. ¡Los armarios llenos de ropa nueva, y de zapatos! Me lo contó un amigo suyo meneando bonachonamente la cabeza “es que está enamorado como un becerro”.

Y de un enamorado a otro, Raphael. El martes comía en el italiano Siena de San José, en Ibiza, sin abandonar ni un momento la mano de su mujer, Natalia Figueroa, “lo más difícil eran los espaguetis” me cotillea una comensal presente.

Familia Real en Mallorca

Eh, ustedes, psit, psit ¿han visto el domingo lo de Palma, el posado real, la abuela y las nietecillas? Pues yo les voy a explicar que, más que real, ¡era puro teatro! Hace poco, en una escapada a Grecia, doña Sofía, después de comer con su familia hizo un aparte con su prima alemana y le contó emocionada lo responsable que se había vuelto Juan Urdangarín y lo educada que era Victoria. La prima preguntó cómo estaban Leonor y Sofía. En ese momento pasó un ángel y se oyó nítidamente la respuesta de nuestra reina. Con mucha tristeza respondió, “no lo sé…” Se extrañó la prima, a Sofía se le llenaron los ojos de lagrimas y confesó con voz quebrada “¡no sé cómo están! ¡no las veo nunca! ¡no me dejan verlas!”. Se quedaron todos estupefactos y la reina añadió con amargura “yo, que vivo al lado, no puedo ir a su casa ¡y sin embargo la madre de Letizia está siempre ahí metida!”.

Buf. Yo también me he estremecido.

Oigan, pues me ha gustado todo esto. Creo que, si no les importa, volveré la semana que viene.

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