Corte y confección

Letizia, reina de Hollywood

Mariángel Alcàzar
Letizia

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22 de octubre de 2016, 11:12

El más difícil todavía. Cuando parecía que la reina Letizia ya no podía sorprendernos, lo ha hecho al lucir en Oviedo un impactante modelo con el que concentró todos los focos. Un modelo de punto negro, pegado al cuerpo y con escote por delante y por detrás, tiene la culpa de que la Reina, otra vez, dé más de qué hablar por lo que viste que por lo que hace. Un vestido de Felipe Varela, empeñado últimamente en destacar las formas de su cuerpo y dejar al descubierto sus brazos, escote, hombros y espalda, que se supone diseña siguiendo las indicaciones de la propia Letizia. Si para sus actos más oficiales, opta por el ‘look’ ejecutivo, en sus apariciones de gala aprovecha para transformarse en una estrella de Hollywood, alejándose cada vez más de los atuendos convencionales y dispuesta a marcar su propio estilo.

Que doña Letizia utiliza su vestuario para lanzar mensajes ya está comprobado y el que está mandando últimamente es que ya ha tomado las riendas de su vida. Lo hizo Lady Di, por otros motivos, claro, cuando tras anunciar su separación del Príncipe de Gales encargó a Versace una serie de vestidos rectos con escote cuadrado y sin mangas con lo que fue por el mundo como diciendo: “Mirad todo lo que se está perdiendo Charles”. No es el caso de Letizia, evidentemente, pero alguna razón hay por la que insiste en presentarse como una mujer atractiva y seductora. No se trata de que lo que muestra o esconde, sino en la forma en la que se mueve absolutamente segura de sí misma.

Aunque durante un tiempo, la Reina, aún princesa, se empeñó en demostrar que de todos los españoles ella era la menos preocupada por su vestuario, ahora hemos ido al otro extremo. La repetición de modelos con los hombros al aire no es sino una respuesta a quienes critican su extrema delgadez que no es fruto de su mala alimentación sino de todo lo contrario: su obsesión por la alimentación sana que le ha dejado sin un gramo de grasa pero con todos músculos a la vista como para servir de modelo en una clase de anatomía.

Es verdad que resulta algo trasnochado que a las mujeres que ejercen cargos públicos se les tenga en cuenta su vestuario, lo que no sucede con los hombres siempre que no sean Donald Trump y su tupé pelirrojo, pero también es cierto que a diferencia de primeras ministras y presidentas, en las reinas o princesas se proyectan todos los deseos y hasta las envidias de una sociedad que acepta que estén tres pies por encima siempre que puedan, de vez en cuando, criticarlas. Por eso, es mejor seguir la escuela de la reina reina Sofía, siempre impecable, siempre igual, correcta y sin llamar la atención. Crear un estilo propio es imprescindible; la edad y la figura también cuentan y en estos tiempos es normal que las nuevas generaciones de reinas y princesas se arriesguen más que sus antecesoras, pero no parece lo más adecuado que el estilo de una reina sea el de una estrella de Hollywood o una modelo. Ya lo dijo la sabia Isabel II de Inglaterra: “No somos actrices, ni millonarias: somos la realeza”.

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