El herpes zóster o culebrilla está causado por la reactivación del virus de la varicela zóster, que queda latente en nuestro cuerpo después de haber pasado la varicela. Por tanto, el riesgo de que se reactive este virus y cause herpes zóster existe en todas las personas que hayan pasado la varicela (más del 90% la han pasado siendo niños). Puede ocurrir en cualquier momento, no obstante, a medida que pasan los años nuestro sistema inmune se vuelve más vulnerable y no nos protege tan bien frente a infecciones y enfermedades.

De hecho, una de cada tres personas entre 50 y 90 años pasará algún episodio de herpes zóster. En cuanto a los síntomas, puede aparecer un dolor intenso y ardiente, como punzadas, además de ampollas que aparecen agrupadas con una forma alargada, como de un cinturón (de ahí aparece el nombre de culebrilla), en zonas como la cintura o la espalda. Pero puede afectar a otras zonas como los brazos o la cara. Precisamente, en este último punto queremos incidir y hacer especialmente hincapié en el herpes zóster ótico, también llamado el síndrome de Ramsay Hunt.

¿Qué es el síndrome de Ramsay Hunt (herpes zóster ótico)?

De acuerdo con la información disponible para pacientes en páginas webs científicas, el síndrome de Ramsay Hunt (herpes zóster ótico) ocurre cuando un brote de culebrilla afecta el nervio facial cerca de uno de los oídos. Además de la erupción dolorosa de la culebrilla, el síndrome de Ramsay Hunt puede causar parálisis facial, debilidad o pérdida auditiva en el oído afectado. Como mencionábamos antes, el síndrome de Ramsay Hunt es consecuencia del mismo virus que causa la varicela. Después de que la varicela desaparece, el virus permanece en los nervios. Años después puede reactivarse. Cuando lo hace, puede afectar los nervios faciales llegando a paralizarlos como le ocurrió meses atrás al cantante Justin Bieber.

¿Cómo es tener un herpes zóster en el oído?

El herpes zóster, a pesar de presentar una baja mortalidad, puede implicar complicaciones, especialmente la neuralgia postherpética, que es la más frecuente. Esta puede ocasionar discapacidad y afectar de forma importante a la calidad de vida de quienes viven con él. Esta se caracteriza por un dolor que puede ser de leve a muy intenso, constante o intermitente, pudiendo persistir más de tres meses y durar incluso años. Otras de las complicaciones, aunque menos frecuentes, son aquellas que pueden afectar a la visión o a la audición pudiendo desencadenar alteraciones o pérdida de la visión, vértigos o incluso parálisis temporal o permanente de los músculos de la cara. Por ello es muy importante actuar a tiempo.

¿Cómo actuar ante el herpes zóster?

Para combatir el herpes zóster se recomienda iniciar el tratamiento con antivirales idealmente en las primeras 72 horas tras la aparición del sarpullido, además de mantener limpia la zona para evitar posibles infecciones secundarias en la piel. Ante la sospecha de tener un herpes zóster, la primera y más importante recomendación es acudir a un profesional sanitario para que pueda evaluar la situación y ofrecer un tratamiento adecuado.

Aproximadamente 1 de cada 3 personas entre 50 y 90 años va a sufrir herpes zóster a lo largo de su vida. Las personas con un sistema inmunitario debilitado y que, por lo tanto, están inmunocomprometidos tienen un mayor riesgo de tener herpes zóster, de tenerlo más de una vez y de presentar complicaciones asociadas. Actualmente no existe una cura, pero se puede prevenir y existen tratamientos antivirales que se recomiendan idealmente en las primeras 72 horas de la aparición de la culebrilla.

Para más información consulta con tu médico y visita la web www.virusherpeszoster.es