Estos días se cumplen veinticuatro años del que ha sido, hasta ahora, uno de los trabajos y una de las experiencias televisivas y personales más importantes de mi vida. ‘Con T de Tarde’, en Telemadrid, empezó siendo un programa humilde con la única pretensión de amenizar las tardes de los madrileños. Esa franja horaria en esa cadena autonómica estaba siendo un hueso difícil de roer. Este programa fue fruto del esfuerzo de un equipo joven con muchas ganas de trabajar, de agradar y de triunfar. Estuvimos siete años, que es mucho en televisión. ‘Con T de Tarde’ va muy ligado a mi vida personal. Inicié esta aventura un 6 de octubre de 1997 y terminó en el mes de junio de 2004. En esos años pasaron muchas cosas en mi vida, personalmente hablando. Un par de meses antes de comenzar este proyecto conocí al que sería mi segundo marido y el padre de mi hija. Como os he dicho, ‘Con T de Tarde’ se inició justo después de la boda de la infanta Cristina con Iñaki Urdangarin. Imaginaos lo que fue empezar una nueva aventura televisiva y preparar mi segunda boda a la vez. Una boda que era en Santander, con el diseñador de mi vestido en Alicante y una novia que trabajaba de lunes a viernes en Madrid hasta las seis y pico de la tarde. Muchas veces pienso: “¿Cómo pudo salir todo bien en esa boda?”.

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¡Qué locura de vida! Los domingos por la mañana mi madre y yo cogíamos un avión hasta Alicante para probarme el vestido de novia. Comíamos y nos volvíamos a Madrid. ¡Qué tiempos estresantes y a la vez maravillosos! Que bonitos siete años con sus luces y con sus sombras. En ‘Con T de Tarde’ me casé, me quedé embarazada y fui madre. Recibí el amor y el cariño del público que seguía fielmente las tardes de Telemadrid. Me mostraron su cariño las personas que venían cada día al plató. Siempre me traían algo para Alejandra. No os imagináis la cantidad de baberos que me hicieron con su nombre, la de patucos que me regalaron y los jerséis que le hicieron. Creo que pude poner una tienda de patucos. Me sentía abrumada y no sabia donde iba a guardar todas las cosas que le habían hecho con tanto cariño a mi hija. Recuerdo a María Luisa Merlo, que un día vino al programa y me trajo dos jerséis que le hizo a mi hija en el camerino del teatro entre una función y otra. Esas son cosas que me han llenado y me han emocionado la vida. Esas son las cosas por las que ha merecido la pena tanto esfuerzo en esta profesión. Tantos sinsabores, tantas alegrías y tantas ausencias como madre.

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Fui madre en ‘Con T de Tarde’, pero era una madre que trabajaba muchísimo y las consecuencias de eso es haberme perdido muchas cosas de la infancia de mi hija. El fin de semana lo tenía libre, pero no era lo mismo. Eso sí, todos los días por la mañana llevaba a mi hija al colegio porque sabía que no iba a poder ir a buscarla por la tarde estar en el programa. Esto era sagrado para mí. A pesar de todo, Alejandra ha sido una niña feliz con una infancia feliz aunque su madre no hubiera estado todo lo que hubiera querido y todo lo que ella me hubiera necesitado. Ahora la vida es otra y el trabajo es otro en todos los sentidos. Los programas son otros también, pero tengo la esperanza de que algún día ese ‘Con T de Tarde’ comprometido, divertido y solidario que conquistó al público vuelva a triunfar en alguna parte.