No es por maldad

El despecho de Corinna

Rey Juan Carlos de Borbón Pilar Eyre
Corinna
Getty

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¡Como una piña! Así está la familia real alrededor del rey Juan Carlos. Las conversaciones grabadas de Corinna con Villarejo y Villalonga las denomina su entorno “pataletas de mujer despechada”. ¡Líbreme el cielo de la furia de la mujer despechada, dice la Biblia! Son fruto de un rencor enquistado desde hace años, concretamente desde el accidente de Botsuana. Un atribulado don Juan Carlos consultó a personas de su confianza qué debía hacer para que la institución no se resintiera de su torpeza. “Pedir perdón y a Corinna expulsarla de España”. Y el Rey –olvidando sus noches de pasión, ese lugar de Barcelona en el que vivían como dos burgueses, sus promesas, sus proyectos de futuro, sus aventuras financieras– puso el pulgar hacia abajo y dos miembros del CNI llevaron con lo puesto a Corinna y a su hijo al aeropuerto y le dijeron: “No vuelvas más”. ¡A una mujer que hasta pensó que iba a casarse con el rey de España! Y ahí empezó ese odio largo y espeso, que cristalizó en estas confesiones llenas de medias verdades, exageraciones, también cosas ciertas –no nos engañemos–, y sobre todo –y lo que más ha dolido a un tenorio como el rey–, esos despectivos “¡ya no funciona!”, un clásico en las mujeres que se sienten menospreciadas por su pareja.

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