No es fácil ver al Rey ejercer de padre, pero la celebración de su 50º cumpleaños ha obrado el milagro. Con motivo del aniversario, la Zarzuela ha dejado entrar, por primera vez, a las cámaras en el día a día de la familia para completar el dibujo de un hombre con su papel como padre; escenas privadas que muestran que la princesa Leonor y la infanta Sofía, tan formales, en las escasas ocasiones en las que se las puede ver en público, son su ojito derecho y el izquierdo y cómo ellas sienten auténtica adoración por su padre.

El día en la Zarzuela empieza, como en muchas casas, con el trajín de la salida hacia el colegio. En unas imágenes en las que se ve a las dos niñas,vestidas de uniforme y con coleta, cargar las mochilas. El colegio Santa María de los Rosales está a quince minutos en coche de la Zarzuela y ese trayecto se reproduce en un vídeo captado por una cámara situada dentro del vehículo, como cuando los invitados de Bertín Osborne se acercan a su casa. Los Reyes, en el trayecto al cole, repasan con las niñas las lecciones del día y Leonor recita la tabla periódica de los elementos. Es una niña estudiosa y como todas las colegiales está orgullosa de demostrar a su padres, que seguramente ya han olvidado del bario o el antimonio, que sabe más que ellos.

Otro día, las niñas son testigos de la grabación del mensaje navideño del Rey que tuvo lugar el 22 de diciembre en un salón del edificio principal de la Zarzuela. Al finalizar el rodaje, Leonor y Sofía se acercan a su padre y le hacen bromas sobre el maquillaje que lleva puesto: “Pareces una chica”, le dice Leonor, mientras le da masajitos en el cuello. La Reina explica a sus hijas los detalles técnicos mensaje navideño y, una vez finalizado el trabajo, insta a sus hijas a que se acerquen a su padre. “Id a darle un beso”, les dice mientras observa la escena y demuestra lo pendiente que está tanto de Leonor como de Sofía. Algún día, Leonor será quien lea el mensaje y recordará cuando, de pequeña, veía a su padre hacerlo, como Felipe de Borbón aprendió de su padre.

Las escenas familiares se completan con las imágenes de una comida, servida en un saloncito de la residencia de los Reyes. El menú, sopa de verduras con anacardos y caballa a la plancha, pues ya se sabe que la Reina cuida la alimentación de sus hijas y no le importa que se compruebe que es cierto que su obsesión por la comida sana, las vitaminas y el omega3, es cierta. Sentados los cuatro en una mesa redonda, con vasos de agua para los cuatro y una copa de vino blanco delante del plato del Rey, es Leonor la que pone el detalle al quemarse la lengua con la sopa, mientras su hermana se ríe y la madre le recomienda que sople la cuchara antes de metérsela en la boca.

El Rey pasó una infancia más expuesta a las cámaras. En sus tiempos de niño, hace 40 años, la Corona tenía que darse a conocer; ahora ya se conoce la institución pero entrar en el detalle de la vida cotidiana de la familia real supone también hacerlos cercanos y de eso se trata, de mostrarlos tal y como son para evitar que el misterio les coloque tan lejos que acaben por dejar de ser vistos.