El sábado al mediodía me llama Patricia González, mi directora del ‘Deluxe’, para comunicarme que por la noche tendremos en el programa a Isabel Díaz Ayuso. Le hago saber que desde estas páginas le he dedicado muchas frases y ninguna buena pero Patricia me asegura que la presidenta de la Comunidad de Madrid no ha puesto ningún reparo para hablar conmigo. Jamás votaré al PP y jamás votaré a Díaz Ayuso. Las veces que la he visto dando discursos o entrevistas no me ha gustado. La he notado siempre insegura, cuando no disparatada. Pero en el ‘Deluxe’ está sorprendentemente bien. Explicándose con tranquilidad y sin aturullamientos. Tanto es así que una conocida cantante y reconocida votante socialista me escribe este mensaje: “Está hablando muy claro y con seguridad. Está comunicando bien por primera vez”.

Al día siguiente, un colega me dice tres cuartos de lo mismo. Cristina Cifuentes, que está en el plató, permanece en silencio un buen rato y pienso que no desea compartir plano con ella pero tras varios minutos de entrevista me hace un gesto con la mano para pedir la palabra y se produce el encuentro. Virtual, pero encuentro. Se saludan con cariño, como si fueran dos compañeras de instituto que se ven por casualidad al cabo de veinte años. Cifuentes tiene madera de estrella televisiva, que conste en acta. Me gusta escuchar a Juan Carlos Monedero y luego ya para compensar a Maite Galdeano, que me tiene sorbido el seso. Lo que bulle en esa cabeza no es normal y por eso me atrae. Su cerebro es una combinación explosiva del diccionario de la RAE con el de María Moliner. Se remueve todo unas cuantas veces tipo centrifugado de una lavadora y se sirve tal cual, sin orden ni concierto. Maite Galdeano es una oda andante al dadaísmo.