En la entrevista más complicada que Kiko Matamoros ha concedido jamás a Lecturas, el colaborador ha revelado la dura lucha que mantiene desde hace semanas. A Kiko le han diagnosticado varios tumores en la vejiga que deberán ser eliminados de su organismo con urgencia. Afronta esta lucha con su habitual estoicismo y con el apoyo de su novia, la modelo Marta López Álamo, con quien ha vivido un viaje de ensueño por Colombia antes de entrar en quirófano.

Como veterano profesional del medio televisivo, Matamoros conoce a la perfección sus sinsabores. Pero en esta difícil tesitura, ha apreciado como nunca el significado de "el espectáculo debe continuar", a pesar de los dramas más profundos y personales. A pesar de los dolores físicos y emocionales. A pesar de todo.

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El tertuliano ha contado al detalle cómo, después de despertarse sangrando en la cama y de la primera visita de urgencias, en la que le dijeron que algo no estaba bien en su vejiga, eligió continuar con sus rutinas e ir a trabajar.

Aquella decisión tan banal derivó en su peor experiencia en directo, y que afrontó como pudo. "Pasé un momento tremendo. Llevaba un vaquero oscuro y, de repente, veo que todo aquello se empieza a empapar de sangre... Yo con las llamadas, haciendo mis cosas, y como eso no lo puedes controlar... Y yo haciendo chistes. Fue el día más complicado de mi vida en la tele", confiesa.

A pesar de que en el programa ya conocen la compleja dolencia que le aqueja, revela que "en ese momento, no se dio cuenta nadie de nada". Aprovechó uno de los descansos publicitarios de su sección 'El club del espectador', para ir al baño. "Me arreglé como pude, me hice una especie de compresa con papel higiénico, y otra vez para dentro. Cuando terminó el programa, me fui a casa", continúa. Después de aquel trance en plató, la resonancia magnética reveló que tenía tumores en la vejiga "que me tenían que operar ya".

Matamoros también ha recordado el nudo en la garganta que se le formó el último día que trabajó antes de irse de vacaciones. Su intervención coincidió con la muerte de Arturo Fernández que, por las circunstancias, le impresionó muchísimo. "Yo no tenía ni idea de cómo se había producido su enfermedad. Te sientas en el sillón y te empiezan a contar que había empezado con unos tumores en la vejiga. No me pasaba ni la saliva. Ahí te das cuenta de lo que es capaz uno de comerse en directo", admite afectado.

Kiko ya se prepara para el momento en que tenga que entrar a quirófano a principios de agosto. A pesar de que necesitará descansar, aspira a reincorporarse al trabajo en breve. "Quiero seguir haciendo lo mismo que hacía. La recuperación de la intervención será corta será. En una semana estaré operativo", expresa esperanzado.