Resulta extraño que un miembro de una familia real se preste a hacer una entrevista en televisión.Andrés de York sorprendió hace unos días al responder a las preguntas sobre el caso Epstein. El hijo de Isabel II no dudó en hablar en la BBC sobre la polémica en la que está envuelto y respondió a las preguntas de la entrevistadora. Su intención era aclarar cuál es su situación con respecto a este caso y alejarse todo lo posible del conflicto. Pero el efecto ha sido el contrario tanto a nivel público como personal. Para hacer la entrevista el príncipe Andrés contó con el apoyo de su madre Isabel II. De hecho la reina cedió una sala de Buckingham Palace para que se grabara allí.

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Pero parece que en un principio la monarca, a la que no le gusta que sus familiares traten estos asuntos en los medios de comunicación, no estaba de acuerdo con que su hijo apareciera concediendo una entrevista.¿De quién fue entonces la idea de que el duque de York se expusiera a la prensa británica? Pues ni más ni menos que de Sarah Ferguson. Fue hace un año, antes de que salieran los documentos del caso Epstein, cuando se comenzó a gestar esta entrevista. Cuando salieron a la luz todas las informaciones Andrés se planteó no concederla, pero Sarah siempre ha pensado que esta era una gran idea para mostrarse cercano y mejorar su imagen. Y él siempre tiene muy en cuenta la opinión de la madre de sus hijas.

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El efecto está siendo al contrario del que se pretendía. En lugar de limpiar su imagen, ha visto cómo se ha manchado todavía más. El duque de York está recibiendo el rechazo de su familia. Su madre está enfadada y su hermano Carlos está planteándose que su hermano deje de ser miembro de la familia real cuando él suba al trono. Empresas e instituciones también están retirando su apoyo al padre de Eugenia y Beatriz de York. Universidades, organizaciones británicas e incluso el ballet nacional han solicitado que Andrés de York deje de formar parte de ellas.