La familia real deslumbraba como nunca a su entrada del Teatro Campoamor de Oviedo el pasado viernes. La princesa Leonor, su hermana la infanta Sofía y, sobre todo, la reina Letizia brillaban con luz propia no solo por sus aplaudidos looks –rompedores, sin abandonar la elegancia–, sino por su potente presencia. Estaban más reina y princesas que nunca. Como apunta Pilar Eyre en su blog de Lecturas, todo transcurrió sobre ruedas, impecable. O casi. Desde el jueves madre e hijas presumieron de sintonía. Llevaban tiempo sin abrazarse, sin hablar cara a cara, dada la distancia que las separa desde que Leonor volvió a Gales a estudiar el segundo año de Bachillerato Internacional. Se notaba en su expresión y en sus gestos las ganas que tenían de esta reunión.

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Sin embargo, estos días también han constatado el difícil encaje que tiene la reina Sofía en los actos que comparte con la familia real. Es por todos conocidos que suegra y nuera no se soportan, y las significativas tensiones que protagonizaron el viernes volvieron a subrayarlo, restándole brillo a la princesa Leonor, quien vivía su día más importante. La reina Letizia ignorando a la reina Sofía, la emérita, buscando protagonismo, intentando recuperar su influencia, su espacio perdido, 'boicoteando' todo lo ensayado para una entrega de premios perfecta en la que Leonor brillara. Sin duda, ambas pusieron de su parte para que no saliera impecable y Pilar Eyre ha analizado con ojo crítico todo lo que ocurrió entre la mujer y la madre de Felipe VI.

La mala sintonía de Letizia y Sofía

Los desaires y desatenciones empezaron ya nada más pisar la alfombra azul, a la entrada del Teatro Campoamor. "El viernes, el día grande, el de la entrega de los premios, todo salió impecable. Mejor dicho, todo habría salido perfectamente si no hubiera sido por la presencia de la Reina emérita", empieza contando Pilar Eyre en 'No es por maldad', su blog de Lecturas. "En el posado frente al teatro ya hemos dicho que hubo tensiones, la emérita se puso al lado de su hijo y Leonor le tuvo que pedir que se apartara", continúa, "después Sofía intentó interactuar con Letizia, que le contestó brevemente mientras trataba de poner la mayor distancia posible entre ella y su suegra hasta darle ostentosamente la espalda".

Nadie hace caso a la emérita

Pero, como bien señala la autora de 'Cuando éramos ayer', no se trataba de una situación nueva, excepcional protagonizada por ambas reinas. "Ocurrió exactamente lo mismo que el año pasado", subraya. La espalda de Letizia está tonificadísima, detalle que la ha convertido en uno de los temas centrales de la semana. Y no solo sirve para generar titulares sino, como dejó claro en Oviedo, para crear una barrera casi infranqueable con la esposa del rey Juan Carlos. "La emérita apareció e intentó acercarse al grupo de su nuera, pero nadie le hizo caso, hasta el punto de que Felipe tuvo que ir a su mujer y decirle algo al oído. Letizia se hizo la sorprendida, saludó brevemente a la suegra y emprendió a paso de caballo la salida, dejando a todos atrás", detalla Pilar Eyre. "Y ahí se dio el momento más incómodo", escribe a punto de narrar el desastre que estaba a punto de ocurrir. "Las niñas iban a salir sin protocolo alguno, cuando la emérita empujó suavemente a la infanta Sofía, y con la otra mano detuvo a Leonor, para salir ella misma antes. Fue un gesto leve, pero contundente", sigue, "la princesa de Asturias, sin inmutarse, no le hizo caso y se escaqueó por donde pudo".

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Doña Sofía, a punto de explotar

La reina Sofía, que se había escapado a su palco antes de que los reyes y sus hijas entraran en el teatro –"lo mal que ha quedado cuando todo el mundo estaba en pie aplaudiendo a Sofía", publicaba la periodista en Twitter–, no se esperaba aquella reacción de sus nietas. Es que ni se le había pasado por la cabeza que se diera aquel escenario. "La expresión de la emérita, que era terrible", señala intentando transmitir el volcán que allí habría estado a punto de explotar. Sí, habría estado cerca, si esa persona no hubieses sido doña Sofía, que volvía a ser esa "profesional" que tanto defienden los "sofilovers" (certero término acuñado, cómo no, por Pilar). Y prosigue el relato: "Se armó pacientemente de su sonrisa habitual para salir como una abuelita inofensiva y cariñosa levantando la mano ante las cámaras y los ovetenses. Una pantomima que realiza a la perfección porque lleva interpretándola muchos años". "¿Y Felipe?", ¡ay!, la pregunta que se hacen tantos, "se ha puesto bótox en el entrecejo y hasta aquí las informaciones sobre el rey de España en un día en el que él, lo siento, majestad, no tiene protagonismo", concluye con ironía.