El día tenía que llegar, y ha sido este lunes 5 de octubre. A primera hora de la mañana, la nueva princesa de Bélgica, Delphine Boël, ha ofrecido una multitudinaria rueda de prensa para aclarar su batalla judicial contra su ya reconocido padre, el exmonarca Alberto de los belgas.

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Además de ser reconocida como hija ilegítima, la artista de 52 años ha conseguido los apellidos y el título que le corresponden como miembro de la Familia Real, unas ventajas que también heredarán sus hijos: el tratamiento de alteza real y el derecho a utilizar el apellido familiar, Sajonia-Coburgo-Gotha.

Delphine Boël
Cordon Press

El encuentro con los medios de comunicación ha tenido lugar en la Universidad de Bruselas, y ha sido allí donde la nueva princesa ha querido aclarar que el motivo que le ha llevado a luchar durante todos estos años no ha sido económico. De hecho, varios medios han apuntado durante estos años que Jacques Boël, quien ejerció de padre durante casi toda su vida y le dio su apellido, tenía una fortuna diez veces mayor que la del rey Alberto.

"Cuando salieron los resultados de las pruebas de ADN, no dije nada, lo mantuve en silencio. Le di la oportunidad de salir de todo esto como un hombre humilde y de salir los dos como ganadores. Pero no fue así. Y no quería que se me conociera como la hermana diferente", ha explicado Delphine con total sinceridad.

Delphine Boël
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Por este motivo, la artista se ha esforzado en conseguir lo que ha creído que es suyo desde el primer momento: el título de princesa -que la convierte en hermana del rey Felipe de Bélgica-, una paga estatal y una residencia.

Con respecto al nuevo título, Delphine Boël ha explicado que no tiene la intención de utilizarlo a modo personal. "No voy a ir por la calle diciendo que me llamen princesa. Pero si hay alguna organización benéfica o alguna asociación que me necesita y cree que eso puede ayudar, estaré feliz de hacer algo bueno con ello".

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También ha reconocido que, a pesar de que lo veo poco factible, sería feliz al acudir a cualquier acto que tenga que ver con la Corona. "Estaría encantada, pero tiene que pasar porque ellos quieran, no porque se vean obligados. No espero nada, voy a continuar con mi trabajo. Sin embargo, si de repente muestran signos de vida, nunca les daría la espalda".

Durante su comparecencia, la nueva princesa no ha podido evitar que se le escaparan algunas lágrimas, un sentimiento por el que ha sufrido a lo largo de siete años. "Ha sido como estar siempre en el campo de batalla, en la guerra. Para mí ser reconocido por mi padre, por mi propia sangre, era antinatural", palabras por las cuales su marido, Jim O'Hare, se ha acercado a consolarla con un pañuelo.