En mayo de 2019, la Corte de Apelación de Bruselas ordenaba a Alberto de Bélgica que se practicase una prueba de ADN para cotejar la información genética que aclararía la paternidad de Delphine Böel. Los esperados resultados salían a la luz el pasado mes de enero con un veredicto de lo más interesante.

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A sus 51 años de edad, la escultora que reclama desde finales de los 90 ser su hija ilegítima, finalmente y a través de un comunicado oficial que llegaba por parte del abogado del exsoberano, Alain Berenboom, era reconocida por el que fue rey de los belgas y, por lo tanto, se convertía en hermana del actual monarca, Felipe de Bélgica. "Las conclusiones científicas indican que Alberto II es el padre biológico de la señora Delphine Boël", aseguraba entonces el exmonarca a través de un comunicado firmado por sus abogados.

Delphine Böel
Gtres

Con motivo de la apertura de su nueva exposición, Delphine ha hablado abiertamente de estos siete años de lucha con el periodista Chris Michel. Tal y como ha confesado, sus últimas creaciones están inspiradas por las experiencias vividas durante este tiempo tan complicado para ella: "Soy la mancha de la Familia Real, querían que me fuera muy lejos para que desapareciera".

"Ellos son estadounidenses, lo que suponía que cuando fueran mayores no pudieran pedir dinero prestado, comprar un apartamento o un coche. Ni siquiera podía abrir una cuenta de ahorros para mi hijo de 11 años", declaraba explicando que una de las peores experiencias que ha sufrido es la de aparecer en una lista internacional con terroristas y delincuentes, lo que supuso numerosos problemas burocráticos, incluso para viajar con su familia.

Cada uno de estos problemas era una razón más para iniciar el largo proceso judicial que, finalmente, le ha dado la razón. "La razón principal fue que no quería que mis hijos me tuvieran que preguntar de dónde vienen. Habría hecho exactamente lo mismo si mi padre hubiera sido propietario de un zoológico o incluso un criminal". Una situación por la que se ha mostrado satisfecha y agradecida. "Me alegra ver que funciona el sistema judicial belga, pero todavía tengo que digerir todo lo sucedido porque fue un camino largo. Creo que es algo que no tendría que haber sucedido y no puedo decir esté feliz en este momento".