Cuando comenzó el nuevo confinamiento en Reino Unido, el príncipe Guillermo y Kate Middleton tomaron la decisión de quedarse en su segunda vivienda, Anmer Hall en Norfolk. La pareja pasó allí las navidades junto a sus tres hijos, los príncipes George, Charlotte y Louis, y volvieron al teletrabajo desde el palacio de Sandringham, una propiedad de la reina Isabel II que se encuentra a tan solo dos kilómetros de su casa. Sin embargo, su rutina podría cambiar por completo en las próximas semanas.

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Con la bajada de la incidencia en Reino Unido, el presidente del país, Boris Johnson, desvelará el próximo 22 de febrero las medidas para aliviar las restricciones. Entre ellas, la posibilidad de que los niños vuelvan a los colegios. Algo que podría ocurrir el próximo 8 de marzo, aunque dependerá de cómo evolucione la pandemia.

George Charlotte

Los príncipes George y Charlotte en su primer día de colegio en el 2019

GTRES

Una medida que podría obligar a los duques de Cambridge a volver a Londres para que sus hijos puedan acudir al colegio. Tanto el príncipe George como la princesa Charlotte se encuentran estudiando en el colegio Thomas’s School en Battersea, en donde los pequeños comenzaron el curso con normalidad en septiembre

Así, en cuanto los mandatarios del país confirmen que los niños regresarán a las aulas, Kate Middleton y el príncipe Guillermo también volverán a su vivienda habitual, el palacio de Kensington. Algo que ya hicieron el pasado septiembre cuando las escuelas reabrieron después de que los niños disfrutaran de sus vacaciones desde casa.

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Eso sí, la cuarentena los obligó a volver a casa. Una medida que ha supuesto todo un desafío para los duques de Cambridge. Muy sincera, Kate Middleton aseguró el pasado mayo en el programa This Morning que había sido todo un reto. “George se enfada mucho porque quiere hacer los proyectos de Charlotte, porque hacer cosas como sándwiches de araña es mucho más divertido que la literatura”, afirmaba entonces. Unas palabras que dejan claro que para los duques de Sussex no supone ningún sacrifico cambiar de casa con tal de que los más pequeños de la casa puedan volver a las aulas.