Durante los años que duró el matrimonio del príncipe Andrés y Sarah Ferguson, ella se llevó muy bien con el duque de Edimburgo. Suegro y nuera mantenían una buena relación y era habitual verles conversar de forma amigable en los eventos. Pero cuando el matrimonió del duque de York con la madre de sus hijas se rompió, el marido de Isabel II cambió su actitud.

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Al enterarse que su hijo y su mujer se estaban divorciando, Felipe de Edimburgo se enfadó. El motivo de su enfado fueron las informaciones que aseguraban que Sarah había sido infiel a su marido. Desde entonces el marido de Isabel II no dice nada bueno sobre la madre de sus nietas Eugenia y Beatriz de York.

A la primera que le hizo saber sus malos pensamientos fue a la propia Sarah. Le dijo que al dejar a su esposo tenía varias opciones como irse al manicomio o a un convento. Además el duque de Edimburgo dijo que era una mujer que hacía las cosas sin sentido y llegó a llamarle idiota.

Todos estos comentarios afectaron mucho a Sarah Ferguson. La duquesa de York ha revelado que no entiende por qué le duelen tanto estas palabras pero que es algo que no consigue quitarse de la cabeza después de tantos años.

En los últimos tiempos la relación ha estado más calmada. Desde hace unos meses Sarah asiste a algunos de los eventos oficiales de la Familia Real británica. Es inevitable que coincida con su ex suegro y ambos intentan mantener un trato lo más cordial posible.

Uno de sus últimos encuentros fue en la boda de Eugenia de York, una de las hijas de Sarah. Ambos supieron mantener la compostura para no estropear un día tan especial.