Apenas lleva una semana en el trono de Inglaterra y Carlos III ya ha protagonizado sus primeras polémicas. Tras la muerte de su madre Isabel II y mientras el mundo llora su pérdida, los problemas del heredero al trono a la hora de firmar documentos no han pasado desapercibidos y han acaparado más de un titular. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana, el rey se mostró irritado ante la presencia de un pequeño estuche con plumas en la mesa en la que firmó su aclamación como monarca en el Palacio de Saint James.

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Poco tiempo después, el problema volvió en Irlanda delo Norte, donde al firmar el libro de visitas del castillo de Hollsborough, se manchó la mano de tinta. "Por Dios, odio esta pluma. ¡No puedo soportar esta maldita cosa! ¡Lo hacen cada puñetera vez!”, dijo el soberano. Unos problemas que eso sí, algunas personas se han tomado con mucho humor.

De hecho, durante la última parada de su gira por las cuatro naciones británicas, en Cardiff, el rey saludó a los presentes, momento en el que una de sus fans quiso tener un divertido detalle con él y le regaló un pequeño objeto que no le pudo hacer más gracia. En concreto, una mujer aprovechó que se acercó Carlos II para darle un bolígrafo. “Por si acaso”, le dijo entre risas, mientras que los presentes aplaudían.

Haciendo gala de su buen humor, Carlos III no pudo más que reírse y aceptó el regalo de la mujer aunque, así sí, posteriormente firmó en el libro de visitas de la catedral de Llandaff con su propia pluma, para evitar cualquier problema como los vividos en los actos anteriores.

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Una anécdota después de que Carlos III se convirtiera en el centro de todas las críticas por los problemas que había tenido a la hora de firmar con pluma. No obstante, parecen que estos sucesos no han tenido mayor trascendencia y que él no ha podido más que tomárselo con humor.