El incendio que ha devastado un complejo de viviendas en el barrio de Campanar, en Valencia, ha sumado a primera hora de este sábado otra dura noticia. Ya son diez las personas fallecidas en el edificio, así lo ha confirmado la Delegación de Gobierno. La Policía Científica y Judicial sigue trabajando en el interior del edificio, y se ha hallado una nueva víctima mortal. Un equipo forense, coordinado con el trabajo de la Policía, no para para identificar a los fallecidos y las causas del siniestro. Por el momento, estas actuaciones están bajo secreto de sumario.

Entre los heridos hay cinco bomberos que actuaron en las difíciles labores de rescate y extinción del fuego. La Comunitat Valenciana y el ayuntamiento de la ciudad han decretado tres días de luto oficial y han decidido suspender los actos programados de las Fallas 2024: la 'macrodespertá', la 'mascletá' y la 'crida'.

Un complejo habitacional de 14 plantas 

Aunque en un principio se hablaba de dos edificios contiguos, el incendio producía en un complejo de viviendas situado en el valenciano barrio de Campanar, de 14 plantas y 138 viviendas, lo que llevaba a pensar que había otra edificación más y de ahí también la magnitud del suceso. 

Por su forma, se habla de dos torres, pero el complejo del que hablamos tiene una única puerta y se trata de un único edificio en el que se originó el fuego. En concreto, fue en la planta séptima, donde a las 17:33 empiezan a extenderse las llamas, que solo siete minutos más tarde llegaban al siguiente piso, tal y como informaba Antonio García Ferreras en el programa especial de 'laSexta'. 

Uno de los héroes de la tarde fue el conserje de la finca, Julián, que puso en riesgo su propia supervivencia para alertar a los vecinos y que pudieran desalojar el inmueble lo antes posible para ponerse a salvo, mientras las llamas no dejaban de devorar todo a su paso. Intentó, en todo momento y así lo manifestaron varios vecinos, poner al máximo número de vecinos a salvo. 


Dificultades serias para los bomberos

Fueron varios los efectivos de bomberos que acudieron rápidamente al lugar de los hechos para luchar contra el fuego y conseguir cuanto antes rescatar a las personas que no habían podido abandonar sus casas ante la primera alerta, lo que obligó a uno de los bomberos a saltar desde el primer piso. 

Los equipos tuvieron que trabajar bajo mucha presión en la zona, colocar colchones hinchables y activar el protocolo de rescate desde el exterior, en la fachada, con una grúa para ir refrescando y mitigando los impresionantes efectos de las llamas, que impedían acceder al interior para actuar desde allí. 

Casi tres horas más tarde de que se originara el incendio, uno de los equipos, que no se había rendido a pesar de las dificultades, regaló una imagen para la emoción y el recuerdo cuando consiguieron rescatar a una pareja, que permanecieron en el balcón durante mucho tiempo hasta que pudieron bajar junto a los bomberos a través de la torre de rescate. 

Por su parte, el presidente de la Comunitat Valenciana, Carlos Mazón, ha confirmado que nueve de los heridos que habían sido trasladados al hospital han recibido ya el alta médica, y la vida de los que continúan ingresados "no corre peligro". Cinco de los heridos son, precisamente, bomberos que estaban trabajando a destajo en el lugar. 

Fuertes rachas de viento de poniente

El cambio radical en el tiempo previsto para esta semana ya alertaba de fuertes rachas de viento en diversas zonas del país, pero se da una particularidad en la zona de Valencia y el Levante y es el viento de poniente, que en la tarde del suceso soplaba con virulencia y es una de las claves de la magnitud de lo ocurrido. 

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Incendio Valencia

El viento de Poniente tiene una serie de particularidades y una de ellas es la temperatura del aire, caliente, que se desplaza desde el interior hacia el mar, lo que puede provocar calor extremo, incluso, cuando se dan ciertas circunstancias climatológicas. 

En el momento en el que se origina el fuego en el séptimo piso del complejo de Campanar, se registraban rachas de viento que alcanzaban los 60 kilómetros por hora, algo que no solo favorecía el avance de las llamas, sino que también se lo ponía muy difícil a los bomberos para poder realizar las labores de rescate y extinción.