No es por maldad

Urdangarin preguntó por el horario de misas al entrar en prisión

Iñaki Urdangarin Cristina de Borbón y Grecia Pilar Eyre
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Iñaqui. Su mayor interés

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Iñaki Urdangarin. El jesuita José María Fernández Martos

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Urdangarín estará en el módulo de hombres. El mayor inconveniente

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Iñaki Urdangarin. Refugiados en la fe

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Infanta Cristina. Anécdota en misa

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Iñaki Urdangarin. Con los escoltas a la iglesia

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Cristina de Borbón, Iñaki Urdangarin y sus hijos. Preciadas posesiones en Brieva

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“¿Cuándo hay servicios religiosos?”. Fue una de las primeras frases que pronunció Iñaki Urdangarin cuando entró el lunes a primera hora de la mañana en la prisión de Brieva. Fue uno de los condicionantes que influyeron en su elección de esta prisión de mujeres –sobre todo exetarras y yihadistas, aunque hay también algunas parricidas–, saber que el asesor espiritual es el jesuita José María Fernández Martos, un hombre bondadoso y culto, autor de varios libros, que después de treinta años de servicio en prisiones sabe entender y disculpar las mayores faltas. El padre José María acude todos los domingos a Brieva a celebrar misa, pero en cualquier momento puede ser avisado para consolar y tratar a las reclusas, aunque no sean católicas, y ahora también hará lo mismo con el único hombre de esta prisión en la que, según contó Roldán en su día, “en invierno hace tanto frío que debía dormir con guantes y dos pares de calcetines, y en verano tanto calor, que me tenía que acostar desnudo en el suelo”.

Porque la fe, más que los psicólogos, ha sido el gran apoyo de Cristina e Iñaki en estos últimos años, tienen muchas personas cercanas que pertenecen al Opus Dei y algunos miembros de la Obra les han servido de sostén y consuelo. Uno de ellos me confiesa que “rezan todos los días el rosario, esta fe los ha mantenido unidos y les ha preparado para afrontar el largo calvario que ofrecen a Dios por el bien de sus hijos”. Religiosos, los exduques de Palma lo han sido siempre. Yo me los he encontrado varias veces en la iglesia de San Odón, en el paseo Manuel Girona de Barcelona. Rezaban con profunda unción, comulgaban, y en una ocasión incluso el entonces duque me dio la paz, ¡pobres dedos, me quedaron machacados después de su rotundo apretón de manos!

Lo curioso era que los escoltas también entraban en la iglesia, no sé si ‘motu proprio’ o por exigencias del oficio. A Brieva, junto a las fotos de sus queridos hermanos, de sus hijos y de su Cristina del alma, Iñaki se ha llevado un rosario y una imagen de la virgen Blanca, patrona de Vitoria, que le dio su madre cuando era pequeño.

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