Cristina y Elena junto a su padre. En Abu Dabi. Quizá compartiendo su cumpleaños, la Navidad, alguna fecha señalada o viajando porque sí. Porque es su padre. Un padre cuyo testamento las convertirá en mujeres ricas. Muy ricas, entrando a formar parte del selecto y exclusivo grupo de millonarias. ¡Las hermanas Borbón compitiendo de igual a igual con las hermanas Koplowitz o las Daurella, las de la Coca-Cola! Y con las hijas de Ortega, y con Ana Patricia Botín. ¿No señalaron la revista de referencia Forbes y el periódico New York Times en 2012 que la fortuna del rey de España sumaba 1.800 millones de euros? Lo cual, según apostillaban, tenía mérito, pues “Cuando llegó al trono su capital era igual a cero”. Es cierto que, en esos años, más chulos que un ocho, los periodistas éramos capaces de desmentir a la solvente prensa internacional defendiendo de forma ridícula la rectitud y austeridad de nuestro rey como quijotes sin molinos. Y nos apresuramos entonces a negar la posibilidad de que Juan Carlos estuviera forrado y acusamos a los ilustres colegas de mentir para perjudicar al pueblo español, ¡tontos que éramos!

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Una herencia legal

¡Vergüenza me da recordar cómo en nuestros artículos nos lamentábamos de que fuera el rey más pobre de Europa y alabábamos su forma sencilla de vivir, como un ciudadano cualquiera! ¡Pensemos en esa cifra, 1.800 millones de euros! Y, habiendo renunciado ante notario don Felipe a su parte, lo que les correspondería a las infantas a la muerte de su padre serían 900 millones a cada una, descontando el reducido impuesto de sucesiones que rige en Madrid. ¿Es ilegal poseer este patrimonio? Claro que no, dando por supuesto que todo lo incluido en el testamento se ha declarado a la Hacienda pública. Otra posibilidad sería que don Juan Carlos les hiciera a sus hijas donaciones de dinero en vida, lo cual tampoco sería ilegal, siempre que pagaran el impuesto correspondiente, que es prácticamente la misma cantidad que rige para las herencias.