Has escrito tus memorias donde pones a caer de un burro a toda tu familia. Bien. Disfruté mucho leyéndolas y se han convertido ya en un best seller. Mejor. Tus hermanos se han enfadado. Normal. Sí, pero…

Una duda me corroe. ¿Por qué demonios las has escrito, Cayetano? No ha sido por dinero, lo sé. Tampoco será por esa fama de la que abominas. ¡Te oí llorar en el Club de Polo de Barcelona por miedo a salir del lavabo y encontrarte a los paparazzis!

Como tampoco te considero tan pedante como para que te creas literato, pienso que has querido enviar un mensaje envenenado a tus hermanos. ¡Debes llevar mucho dolor dentro! No soy nadie para darte consejos, pero mejor hubiera estado desahogarte con un psicólogo, un amigo o un confesor. No, no, qué digo. ¿De qué escribiríamos entonces? ¡No todo van a ser dinios y sofías suescun!