Ana María Aldón es buena persona. Discreta. No levanta nunca la voz. Abnegada. Mujer de su casa y nada más. Huye de la notoriedad y no le gustan los gritos ni los enfrentamientos ni las malas palabras. Todo esto nos han estado contando sus amigos estos años y nosotros lo hemos transcrito palabra por palabra. Sí, pero...

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Ojalá leas esta croniquilla antes de partir a la isla donde te has enrolado en ‘Supervivientes’. ¡No, no y no, Ana María. Este no es el camino, así no vamos a ninguna parte, si no es al fracaso más absoluto! Has de cambiar y ser otra. ¡Con esos mimbres no se forja una campeona! Ensaya un poquito delante del espejo o que Ortega te haga de sparring. Va, anímate, no cuesta tanto, repite conmigo: ¡Mala persona!, ¡Destructora!, ¡Hija de tu madre!, ¡Indocumentada!, ¡Vendida!, ¡Arrastrada!, ¡Reventada! Venga, despacito, sigamos: la p con la u… la t con la a…
Es muy fácil.