No pasa por su mejor momento. Rafa Mora se ha desmoronado en Sálvame. El colaborador, siempre fuerte y con mucha energía, vive su peor momento desde que obtuviese su silla en el programa. Cuestionado y criticado, Rafa se ha sometido a una sesión de coaching para pulir sus defectos y asentar su personalidad. Una catarsis que ha terminado con el propio colaborador roto en lágrimas al recordar el peor trance que tuvo que superar cuando no era más que un niño...

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He intentado siempre dar a entender que soy un tío fuerte, que no me afecta nada, que me da igual todo”. Rafa Mora se sinceraba con Cristina Soria sobre parte de su personalidad que nunca habíamos imaginado. “En el fondo, no es así”. Vulnerable y con el ánimo muy tocado, el colaborador pasa por su época más difícil en Sálvame tras haber podido notar el enfrentamiento con muchos de sus compañeros. Su actitud ante la vida no es la primera vez, al parecer, que le genera problemas.

“Era un niño superinocente y muy bueno”. Rafa recordaba su infancia, donde recibió el enorme cariño y cuidado de su familia. “Siempre estaba riendo, no tenía maldad”. El destino le guardaba un duro revés que cambió su personalidad. “Mi ídolo era mi tío Jesús, que era pastor de ovejas”, explicaba entre lágrimas. “Crecí y la vida me arrebató a mi tío y me volví un chico un poco rebelde”. El padre de Rafa tenía que trabajar muchos meses fuera y se quedaba al cargo de su madre, su hermana y su abuela.

“Pensaba que mi familia necesitaba alguien que los protegiera porque mi padre trabajaba fuera”. Así fue creando esa coraza de chulería que le ha acompañado hasta ahora. Un muro que le ha separado también de sus compañeros de Sálvame. “No he permitido que me conozcan”. Así es imposible labrar una amistad, encontrar puntos de unión. A partir de ahora, veremos, seguro, a un nuevo Rafa.