Seis años han pasado ya y siguen tan enamorados como el primer día. Irene Rosales no olvidará nunca ese 24 de mayo de 2014 cuando ella y Kiko Rivera se dieron ¡el primer beso! Y es que fue entonces cuando empezó todo.

"Eterno 24 de mayo. 6 años de nuestro primer beso, de aquel día que decidimos empezar una historia de amor. Por toda una vida juntos. Te amo Kiko Rivera", ha escrito Irene en un stories de Instragram. Irene Rosales ha sido un puntal muy importante en la vida del hijo de Isabel Pantoja, no solo le ha dado dos maravillosas hijas, sino que ha sido la pieza fundamental para que Kiko superara sus adicciones.

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No está claro que la pareja pueda celebrar esta efeméride justamente hoy, ya que Kiko está inmerso en un importante reto solidario: 24 horas pinchando música desde LocaFM de Sevilla, en una emisión en vivo emitida a través de su cuenta de Twich. Empezó a las 12 horas del sábado y tendría que haber finalizado a las 12 del mediodía del domingo. Pero no pudo ser. Cuando Kiko llevaba 16 horas de pie, sin dormir y pinchando música se vio obligado a abandonar por una cuestión de salud.

Irene Rosales y Kiko Rivera
Instagram

La vida amorosa de Kiko Rivera había sido, hasta entonces, un ir y venir de chicas, porque el poder de seducción del hijo de la Pantoja era evidente, pese a no tener el atractivo físico de sus dos hermanos mayores, Fran y Cayetano. Algunas de esas chicas, incluso, se quedaron embarazadas, como Techi Cabrera o Tamara García, quienes perdieron a sus respectivos bebés.

Con Jessica Bueno no fue así y Kiko debutó en los menesteres de la paternidad y hasta se llegaron a plantear la boda, pero tras el nacimiento de Francisquito, aquella relación se frustró y ya solo les queda en común un precioso hijo que, a la postre, se convirtió en el primer nieto de Isabel Pantoja. La gran pena para Kiko es que su hijo vive en Inglaterra, con su madre y el marido de esta, el futbolista Jota Peleteiro, y aunque se cumple religiosamente el régimen de visitas, son muchos kilómetros los que los separan.

Con la llegada a su vida de Irene Rosales, Kiko Rivera sentó la cabeza en todos los sentidos. Se estabilizó profesionalmente como Dj y cantante, creó una bonita familia y, sobre todo, dejó de lado el sórdido mundo de las adicciones que tanto hicieron sufrir a su madre, Isabel Pantoja, y en especial a la propia Irene.