Ninguna célebre pluma habría podido acercarse a un drama familiar como el que han representado Maite Galdeano y Cristian Suescun en 'La Casa Fuerte'. El dúo formado por madre e hijo parten en esta noche de gran final con la peor posición, pero a situaciones más adversas hemos visto dar la vuelta en la historia de los realities. Si bien están nominados, la audiencia podría ponerle las cosas fáciles y apostar con ellos hasta llevarles hasta la victoria.

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Soñar es gratis y no sería un resultado descabellado. Maite y su hijo han ido a favor de obra. Han aireado sus problemas de comunicación y de afecto y los han abordado ante las cámaras con una honestidad desarmante. La de la 'papela del camión' ha vuelto literalmente loco a su hijos, incluso a llevarlo al borde de las lágrimas. Y es que no es nada fácil convivir con una personalidad tan extrema, excesiva, ávida de protagonismo, en resumen, un auténtico animal televisivo, como Maite Galdeano.

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La madre de Sofía Suescun, mucho más que su hijo Cristian, se ha 'mojado', ha entrado en el cuerpo a cuerpo contra Fani, una de sus mayores enemigas, y a última hora con Oriana, que intentó ahogarla en la piscina. De hecho, la venezolana y Maite cuentan con el mayor número de llamadas de atención de los presentadores Jorge Javier Vázquez y Sonsoles Ónega. Y, ¿qué decir del divertidísimo 'tonteo' que protagonizó con Labrador? No acabó cuajando, pero sí que consiguió revolucionar la casa durante unos días.

Otro tonteo que ha dado de qué hablar en la casa es el que su hijo Cristian ha vivido con Yola Berrocal. La atracción entre ellos ha sido más que evidente, solo había una 'cadena' para el hermano de Sofía Suescun: su novia Jessica, que le espera fuera. Cristian se acababa relajando y acababa disfrutando de un sensual masaje de Yola Berrocal, que iba a por todas. Sin embargo, el feo gesto que tuvo el joven al final con su compañera, renegando de lo que había pasado y humillándola en directo, pueden haber lastrado el recorrido hasta la final para su madre y para él. Y, peor, puede haberle costado una relación. Un precio demasiado alto a pagar.