El pasado mes de diciembre la emperatriz Michiko era operada con éxito de un cáncer de pecho. Su delicado estado de salud hizo saltar las alarmas en Japón, pero una satisfactoria recuperación tranquilizó al país. Por ello, los médicos consideraron innecesario someter a la esposa de Akihito a tratamientos de quimioterapia o radioterapia, puesto que el riesgo de que el tumor reapareciera era muy bajo.

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Pero la debilidad en el estado de salud de la emérita de 85 años es un hecho que se conoce desde hace tiempo. El estrés y la depresión que Michiko ha superado a lo largo de su vida le han pasado factura, algo de lo que tampoco se libra su sucesora, Masako. Y ha sido ahora cuando la preocupación por la soberana vuelve a estar presente tanto dentro como fuera del Imperio. El último anuncio de la Casa Imperial ha confirmado que la esposa de Akihito tiene una salud débil desde septiembre, y que ha perdido más peso del recomendable a causa de constantes vómitos, que en ocasiones van acompañados de sangre.

Akihito y Michiko de Japón
Gtres

Fue cuando llegó a la Familia Imperial japonesa cuando la princesa comenzó a experimentar una presión que, agravada por su condición de plebeya, le hizo sufrir graves episodios de estrés y depresión. Michiko llegó incluso a perder la voz durante unos meses, algo que los médicos achacaron al estrés. Siendo ya emperatriz, en 1993 sufrió un fuerte desmayo al leer una noticia falsa, un hecho tras el cual su hija, la princesa Sayako, decidió permanecer a su lado en todo momento, convirtiéndose en un fuerte punto de apoyo.

Pero las afecciones de la emperatriz no acaban aquí. Diferentes úlceras estomacales, sangrado intestinal o incluso reflujo gastroesofágico, han sido otras de las dolencias que ha sufrido, algunas de ellas a consecuencia de la excesiva presión de la faja del kimono que el protocolo le obliga a llevar.

Akihito y Michiko de Japón
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Se esperaba que, con la abdicación del emperador Akihito -que tuvo lugar el pasado mes de abril- y su consecuente paso a un segundo plano, la emperatriz fuera mejorando poco a poco su estado de salud. Sin embargo, la edad y los años de estrés han pasado una factura difícil de corregir. Cada vez sus achaques van siendo más graves, y el pasado mes de junio la casa imperial japonesa anunciaba que la emperatriz acababa de ser diagnosticada con una anomalía en la válvula de su corazón.

Desde entonces, los médicos vigilan muy de cerca a la madre de Naruhito, y han recomendado máximo reposo y descanso. Su pulso irregular y el considerable riesgo de sufrir un paro cardíaco son constantes que se mantienen estables desde entonces, pero que es necesario controlar casi a diario. Los paseos, tocar el piano, traducir poemas, leer o recolectar seda de los gusanos de Palacio son algunas de las tareas que Michiko realiza para liberarse de tensiones y estrés.