Parece que el coronavirus, a pesar de que está obligando a los miembros de las Casas Reales a cancelar agendas y aplazar eventos, no está impidiendo algunas transacciones comerciales con las que olvidarse por un momento de la situación de crisis excepcional y darse un gran capricho.

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Es el caso de Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo, quienes acaban de adquirir una espectacular propiedad. Se trata del castillo de Beauregard, una edificación del siglo XIV catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Con la compra, el hijo de Carolina de Mónaco y el empresario italiano Stefano Casiraghi reafirma su pasión por la Edad Media.

Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo
Gtres

La residencia está ubicada en la región de Mons, en el sur de Francia, a tan solo 100 kilómetros del Principado de Mónaco, y se ha adquirido por valor de 4 millones de euros. Cuenta con una propiedad de 120 hectáreas de terreno, con casi 1000 metros cuadrados de espacio habitable en el castillo.

En su interior guarda la célebre Galería de los Ilustres, donde se exponen 327 retratos de personajes históricos, convirtiéndose en la mayor galería de toda Europa. Gracias a estas obras, es posible viajar desde el XIV hasta el XVII a través de las historias francesa y europea.

Castillo de Beauregard
Castillos de Francia

El sobrino de Alberto de Mónaco, que ayer mismo daba positivo por coronavirus, cumple así uno de sus grandes sueños: el de vivir en una edificación de la Edad Media que, en este caso cuenta con una historia vinculada a su familia, ya que precisamente en este castillo se ha visto nacer algunos de los miembros del clan Grimaldi. Su amor por este periodo de tiempo se refleja también en su afición por el behourd, un deporte de combate medieval casi extinguido que Pierre ha recuperado.

Tras más de 550 años y varias generaciones viviendo en esta espectacular residencia, los propietarios del castillo de Beauregard se han visto obligados a deshacerse de él por motivos de costes de renovación. El Conde Patrick de Clarens, que ha sido su último propietario, decidió venderla a pesar de las grandes historias que guarda el castillo en su interior: además de estar construido con las piedras que quedaban de la Catedral de Florencia, fue capaz de resistir a la Revolución Francesa, un hito que pocas familias de la época pudieron superar.