Ayer nos hacíamos eco de la desagradable situación, pero, para nada extraña, que había vivido Luna Serrat, de 22 años, y nieta de Joan Manuel. La joven afirmaba haberse sentido intimidada por un hombre en un viaje en tren, que la estuvo importunando con sus miradas (“en mi vida me he sentido más desnuda”) y con sus comentarios. Tras hacer público lo que le había sucedido, numerosas compañeras de profesión (Luna, además de periodista es influencer) le han transmitido su apoyo y le han hecho saber que no está sola, que a ellas también les ha pasado. Una de ellas es Anna Ferrer Padilla.

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Es muy triste porque no hay chica con la que hable de este tema que no me cuente que ha pasado una situación parecida, o que se ha sentido así alguna vez en su vida, yo incluida”, dice. Desgraciadamente, el caso de Luna no es una rareza. Las mujeres, dada sociedad machista en la que crecemos, a menudo nos topamos con situaciones como la que describe la periodista, en las que las féminas no son más que un pasatiempo o un objeto más para el varón. La auténtica igualdad dista mucho de estar cercana y pasajes tan desagradables como el que le tocó vivir a ella no hacen más que demostrarlo. Afortunadamente, cada vez se denuncian más estas situaciones para que, la próxima mujer a quien le toque pasar por un trago semejante comprenda que no está sola, que lo que le está sucediendo no lo tiene por qué aguantar y que es un efecto más del machismo inherente en el que nos ha tocado vivir. Ella no es culpable, pero, sobre todo, no está sola.

Anna termina su alegato de apoyo de la siguiente manera: “Qué injusto y qué mierda que tengamos que vivir en estas cosas. Gracias por compartir y por apoyarnos las unas a las otras”.