En la premiada miniserie 'Feud', Ryan Murphy diseccionaba con maestría el odio visceral de las actrices Joan Crawford y Bette Davis. En nuestro país, también hubo una rivalidad legendaria que estrenó la década de los 80 y que hizo correr ríos de tinta. En 1981, estallaba la guerra entre Rocío Jurado y Lola Flores y, ¿puede haber algo más apetitoso que folclóricas enfrentadas? La respuesta es clara: un NO en mayúsculas.

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Celos, soberbia, envidia, lágrimas de ira... Este 'salseo' sigue teniendo, cuarenta años después los ingredientes más apetitosos. ¿Para cuándo una serie que nos zambulla en ella? De momento, el número 7 de Lecturas Años Dorados te sumerge en la guerra de nuestras dos grandes divas contando con sus propias declaraciones y revelando el potente motivo que las enfrentó.

Todo sucedió una noche de 1981 en Chile, durante un programa musical que contó con el arte de la Faraona y la más grande. Su admiración como mujeres y artistas era mutua, pero programarlas en una misma emisión de 'La noche de España', era jugar con fuego y prender sus egos, aunque antes de salir al escenario reinó entre ellas el respeto y la complicidad.

Lola Flores
Archivo Lecturas

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Primero actuó la Jurado durante 25 minutos de gloria que se tradujeron en un aplauso atronador. "Un éxito bárbaro", llegó a reconocer su rival, cuyo 'show' duró más de una hora. "La gente se puso en pie (...) entré en el camerino y vi a la señora Rocío Jurado poco más que llorando", contaba Lola, "llamó a los realizadores y les dijo: “Yo soy Rocío Jurado”, y se daba golpes en el pecho". Según la madre de Lolita y Rosario Flores, "vio mi éxito y se indignó".

La casualidad quiso que volvieran a coincidir en el aeropuerto de Lima (Perú), donde la prensa que esperaba esperaba a la de Jerez de la Frontera. “Lola, es para ti. A mí no me conocen aquí”, habrían sido, según ella, las palabras de la chipionera, de quien desvelaba además que "rompía" con su representante.

Rocío Jurado y Pedro Carrasco
Gtres

La versión de Rocío Jurado era totalmente distinta. “Todo lo que ha dicho Lola es fruto de su imaginación”, se defendía la más grande, que le reprochaba haber sacado a la luz el fin de la relación profesional con su manager, y añadía, "aquella noche estuvimos juntas en el camerino bailando por sevillanas y como me sentía tan feliz me tomé, incluso, dos whiskys". Un cariño que se diluyó como los hielos en ese whisky pero, que, por suerte, se restauró años después.